Aborrecer, odiar.
El odio es la ira inveterada, un enojo antiguo, convertido en costumbre, casi en pasión; y así decimos: odio de raza.
El aborrecimiento consiste en una aversión insuperable, en una repugnancia invencible que nos permite deliberar, decidir ó querer.
El odio medita, el aborrecimiento tiembla.
El odio nos separa, el aborrecimiento nos separa con horror.
El odio se hereda, el aborrecimiento se siente.
Se odia al enemigo personal; se aborrece al facineroso, al asesino, al incendiario, al envenenador; en fin, al enemigo de todo el mundo.
Odia el que ama, aborrece el que no puede amar.