Academia

Academia, ateneo, gimnasio, aula, cátedra, universidad.

Si estas palabras fueran seres vivientes habría que enviarlas al cuartel de inválidos, ó bien al hospital. ¡Tan lisiadas y tan roídas están las pobres!

Y esto no sucede solamente en España, sino en los países más adelantados. Parece imposible que hasta tal punto se descuide la crítica de la palabra, que es la crítica del pensamiento, porque hablar no es otra cosa que pensar.

El sér que piensa, habla; el sér que no habla, no piensa.

Por eso no hablan los que no tienen el dón sublime del pensamiento, lo cual significa que por eso no piensan los que no tienen el dón sublime de la palabra. El humo anuncia el fuego, como el fuego produce el humo. La campana suena como el badajo da.

Academia de artesanos; Ateneo industrial; Gimnasio artístico; esto hemos leído muchas veces en España y fuera de España.

Cualquier estudiantillo de latín dice: me voy á cátedra.

El último aprendiz de aritmética corre al aula, y sólo resta que un gallego, discípulo de un memorialista, nos diga, con los carrillos muy soplados, que le aguarda la universidad.

Estudiemos la significación, la significación natural y discreta de las seis palabras de este artículo.

Academia viene del nombre propio Academus, Academo en castellano, pues así se llamaba el dueño de un jardín, próximo á la célebre Atenas, en cuyo jardín enseño Platón la filosofía á sus discípulos.

De modo que Academia es el lugar en que se enseña filosofía, en que un sabio explica su doctrina á la juventud que sigue su escuela. ¿Puede haber Academia de artesanos? No. Lo que enseño Platón á la juventud ateniense en los jardines de Academo no tiene que ver, ni por asomos, con las cosas de artes mecánicas y de oficios.

¿Puede haber Academia de literatura? Tampoco. Platón no ilustró á los jóvenes griegos con enseñanzas literarias, sino filosóficas. No se trataba allí de la forma, sino del discurso. No hablaba de gusto, de belleza, de crítica, sino de tesis, de proposiciones, de verdad.

Decir Academia de literatos es casi tan absurdo como decir Academia de obreros.

Ateneo viene de Atenas, cuya etimología es muy curiosa, tan curiosa como discorde. Las que trae Monlau, en su precioso Diccionario etimológico, nos parecen muy aceptables.

"Los turcos, dice este ilustrado y celoso autor, la llaman Athiah ó Setines. Viene de Athene, nombre griego de Minerva, del cual da Platón dos etimologías: primera, de ê-theo-noê, la que conoce las cosas de Dios ó divinas; segunda, êtho-noê, costumbre y noción, ó inteligencia.

"Otros derivan, Athene de apo tou athrein, ver, discenir. Mitologistas hubo, por fin, que fundados en que Minerva nació armada, dijeron que esta diosa no necesitó nodriza, y que por ende fué llamada Athene, por Athele, compuesta del alfa (a privativa de los griegos) y del verbo thelazeim, criar, amamantar; esto es, la no amamantada.

"Atenas, como Ampurias, Londres, París y otros nombres geográficos, tiene terminación plural, por constar dicha ciudad de dos partes principales, el acrópolis, ó ciudad alta, elevada, y el catápolis, ó ciudad baja, separada una de otra por una muralla, así como otras ciudades se hallan divididas por un río. Atenas podría suponerse, pues, también compuesto de la a privativa, y del verbo teino, yo tiendo ó pongo tenso; esto es, no tensa, no corrida, sino cortada ó partida."

Ahora bien; de este origen vine Ateneo. ¿Cuáles son las ideas que se deben atribuir á esa palabra, considerada como instituto en que se enseña? Las ideas que se deben atribuir á la voz ateneo son las mismas que el estudio de la antigüedad atribuye á la civilización ateniense. Y ¿cuáles son esas ideas?

El arte es todo en el pueblo griego. Arte era la filosofía, arte la ciencia, arte la historia, arte la religión. La poesía ateniense no sólo conquista la tierra, sino que se apodera del cielo. Atenas es el pueblo poeta, el pueblo artista, el pueblo de la imagen y de la forma.

He aquí las ideas que debemos atribuir á la voz ateneo, si hemos de hacer una personificación racional é histórica.

¿Puede decirse ateneo industrial? De ningún modo. Es tan absurdo y tan ridículo como decir poeta menestral, ó menestral poeta; es juntar á Fidias con un albañil, ó á un albañil con Fidias.

¿Puede decirse ateneo científico? Tampoco, si hemos de dar á la palabra su sentido castizo y puro. Atena tuvo sabios, filósofos, historiadores, críticos, retóricos, eruditos, poetas, oradores, artistas, héroes, legisladores, capitanes; hombres de ciencia, lo que se llama hombres científicos; exhortamos al más entusiasta á que nos cite muchos. La capital del Atica, la nobilísima y gloriosa ciudad del Partenón, no es el pueblo del raciocinio, sino de la belleza; no es el recuerdo de muchos siglos de reflexión, sino el deslumbrador paganismo de la forma. Baste decir que esa célebre Atenas no es tan famosa por sus verdades, como por su fábula.

Las palabras ateneo científico contradicen las verdaderas tradiciones de aquella raza ilustre.

Gimnasio viene de la voz latina gymnasium, en griego gymnasion, derivado de gymnos, que significa desnudo, aludiendo á que los atletas quedaban desnudos de medio cuerpo para arriba, á fin de estar más sueltos y desembarazados en sus evoluciones.

El gimnasio, así en Atenas como en Roma, era un local en que el pueblo se dedicaba á ejercicios gimnásticos. Trasladado el sentido metafórico en que nosotros lo empleamos, significa lucha intelectual, una gimnástica en que el atleta se llama pensamiento.

¿Puede decirse gimnasio artístico? Bajo ningún concepto. La calificación de artístico, aplicada á gimnasio, es tan irracional y tan extravagante, como la academia de obreros, ó como el ateneo industrial. Gimnasio es una liz, un palenque, una lucha de raciocinio. ¿Qué argumentaciones, qué tesis, qué disputas, qué controversias lleva en sí la palabra artístico? Ninguna. Ante las creaciones artísticas, se siente ó no se siente; se llora ó no se llora; se ríe ó no se ríe; se sueña ó no se sueña; el arte nos llama ó no nos llama; nada más. El arte no es la escuela de la contradicción y de la disputa; aquí no hay atleta; no hay gimnasio.

Aula viene del griego aulé, que equivale á palacio ó corte de algún príncipe. Conservando en la traslación su sentido jerárquico, significa el salón de la universidad, ó establecimiento de estudios, en donde se explica alguna facultad ó ciencia.

Cátedra viene de cathedralis, derivado del griego kathedra, que quiere decir cadira, silla ó asiento, ya porque las catedrales se considerasen como el asiento de la fe, ya porque en los tiempos primitivos se predicara estando el orador sentado en una silla. Sea de esto lo que quiera, lo indudable es que la silla pasó de ser dogmática, y así decimos la silla de San Pedro, la silla pontificia, la santa sede. La expresión adverbial excátedra, aplicada al Sumo Pontífice de Roma, es una prueba más de lo que aquí sentamos. Excátedra quiere decir, sentado en la silla del apóstol, revestido de su carácter pontificial, de sus atributos teológicos, animado de un espíritu infalible.

Hay otra razón para suponer que el púlpito sucedió á la antigua cadira, y es la de que el púlpito se llama cátedra de Espíritu Santo, á no ser que se le haya designado con aquel nombre porque se haya considerado que la predicación evangélica es el fundamento del dogma y el alto ministerio de las catedrales.

Después, notándose que los maestros se sentaban en una silla (cadira) para enseñar á sus discípulos, se les aplicó por extensión la noble y honrosa palabra de catedráticos.

Pero ¿debería emplearse esa palabra como se emplea hoy? Catedrático de latín, catedrático de aritmética, catedrático de geografía, del Instituo de Comercio, de la Escuela Industrial. El mejor día saldremos con que se nombran catedráticos para escuela de tauromaquia. De todo se ha hecho una cátedra, y esto no puede menos de provocar la risa. Dicha palabra, ó no debía usarse con relación á las enseñanzas civiles, ó debía emplearse únicamente con relación á ciertas facultades que están en armonía con el sentido etimológico y discreto de aquel vocablo. Cátedra de derecho, cátedra de teología, de cánones, cátedra de moral, de religión.

¿Qué tienen que ver el comercio y la industria con las catedrales? ¿Qué relación hay entre los catedráticos de esas asignaturas y la cadira sacerdotal de los primeros tiempos? No tiene que ver nada, no es posible hallar relación alguna; más claro, no hay analogía, y sin analogía no hay lenguas. Hablar de este modo es hablar, pero no es decir: Así hablan los loros.

Universidad según la palabra lo está diciendo, viene de universo, y significa naturalmente la idea de conjunto, de unidad, la unidad que es propia del todo, por lo cual se empleaba en lo antiguo como voz sinónima de pueblo. Según podemos ver en varios documentos históricos, por universidad se entendía el estado llano; es decir, toda la sociedad, menos los nobles y los gobernantes; y así es que la universidad de Mallorca, por ejemplo, pedía al rey D. Juan contra los empleados y los nobles.

La palabra latina universitis, universitatès, de donde se deriva inmediatamente nuestra voz universidad, significaba cuerpo, asamblea, cuya significación concreta y oficial no tuvo nunca entre nosotros. Hoy la palabra universidad significa casi exclusivamente la idea colectiva de los cuerpos enseñantes de una nación. Todas las facultades, todos los esudios, todos los ramos de la enseñanza pública, aun cuando se hallen establecidos en cien edificios separados, constituen la universidad.

De estos antecedentes sacaremos en limpio lo que sigue:

La academia es filosófica.

El ateneo artístico y literario.

El gimnasio científico.

El aula titular, faculativa.

La cátedra teológica.

La universidad colectiva.


Sinónimos Castellanos
por Roque Barcia
Edición póstuma, corregida y considerablemente aumentada por su autor.
Madrid
José María Faquineto, Editor
Ricardo Álvarez, Impresor
1890

Rutgers University Libraries
PC4591.B243S 1890

Academias. En la córte hay siete muy señaladas: la Española, fundada en 1713, que se ocupa en conservar la pureza de nuestra lengua y en su perfeccion mayor: la de la Historia, erigida en 1738 y ocupada en reunir, depurar y publicar los documentos, códices y antigüedades que pueden ilustrar la historia de España: la de Nobles artes de S. Fernando, establecida en 1744, que entiende facultativamente en la aprobacion de planos para las obras públicas, y de los arquitectos, y en todos los ramos artísticos de pintura, escultura y arquitectura: la de Ciencias eclesiásticas de S. Isidoro, erigida en 1773, y dedicada á ilustrar las cuestiones canónicas, teológicas, de liturgia y disciplina: la de Jurisprudencia y legislacion, en que se refundieron en 1840 las antiguas de derecho y práctica forense: la Greco-latina, en que se refundió en 1832 la latina matritense, y ocupada en el estudio y propagacion de las lenguas muertas latina y griega.: la de Ciencias naturales, fundada en 1835, y ocupada en ilustrar las materias relativas á las cuatro secciones en que se divide, historia natural, ciencias físico-matemáticas, ciencias físico-químicas, y ciencias antropológicas. Ademas hay en Barcelona academia de ciencias y artes; en Sevilla academia de buenas letras; en Valencia academia de nobles artes; y hasta nueve academias médico-quirúrgicas en otras tantas capitales. Véase Medicina y Cirurgía.


Manual geográfico-administrativo de la monarquía española.
Obra util para empleados, hombres de negocios, viajeros y curiosos, con 1.750 artículos en orden alfabético.
por Don Fermin Caballero.
Madrid.
Imprenta de Don Antonio Yenes
1844

Rutgers University Libraries
DP12.C3

Omnipædia Polyglotta
Francisco López Rodríguez
[email protected]
[email protected]