Acaso, casualidad.
Ambas palabras vienen del latín cado, cadis, cadere, cecidi, casum, que equivale á caer. Lo que acaece es un hecho que cae al paso, que sale de la norma de los sucesos, que no está dentro de la experiencia de la vida.
El acaso es la estrella, la fortuna, el hado, el destino, casi una deidad; la deidad de nuestras locuras, de nuestros vicios, de nuestra ignorancia. Cometemos un disparate, no hacemos lo que deberíamos hacer, y se lo achacamos al sino. El sino es el dios de nuestros delirios y de nuestras culpas, un dios fabuloso, un dios pagano.
La casualidad es un evento.
El acaso es una verdadera tradición del fatalismo de los gentiles.
La casualidad es el juego vario, múltiple, caprichoso, infinito de las cosas del mundo.
Es acaso el nacer.
Es casualidad que siempre llueva cuando yo salgo.
El acaso decide.
La casualidad entretiene.
Un acaso caualquiera es casualidad.
La casualidad última es acaso.
Creer en el acaso es no tener moral, religión ni juicio.
No creer en la casualidad es no tener ojos.
El acaso es cábala.
La casualidad accidente.