PROLOGO | I II III IV V VI VII VIII. |
HISTORIA DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA. | IX X XI XII XIII XIV XV XVI XVII XVIII XIX XX XXI XXII XXIII XXIV XXV XXVI XXVII XXVIII XXIX XXX XXXI XXXII XXXIII XXXIV XXXV XXXVI XXXVII XXXVIII XXXIX XL XLI. |
DISCURSO PROEMIAL SOBRE EL ORIGEN DE LA LENGUA CASTELLANA | XLII XLIII XLIV XLV XLVI XLVII. |
L des�o de corresponder la Acad�mia Espa��la à los soberanos favores que continuamente experimenta de V. M. ha sido tan vivo, que se consideraba delinquente cada instante que retardaba tributar ofrenda lo mismo que fué dádiva. Premió V. M. sus desvélos distinguiendose de muchos Monarchas: pues quantos fueron dignamente celebrados por mercedes concedidas à servícios yá executados, se hallan excedidos de V. M. que previno à las informes taréas de la Académia anticipadas liberalidades. Oprimida su obligación con el peso de tan repetidas honras, ha solicitado (con la brevedád possible) respirar agradecida; bien que con voz no formada, pues solas son dos letras las que ofrece por ahóra à los Reales piés de V. M. para que lograda en ellos su mayor perfección, puedan salir airosas à la luz pública.
Justo es, Señor, que las obras reconozcan su dueño, que los frutos se presenten à su Autór, y que à lo soberano rinda la lealtad en obséquios el mas pronto y resignado vassallage. De V. M. es quanto la Académia emprende, pues debe à su Real soberanía la protección de sus alientos, y à su generosidád el logro de sus fatígas. Todo lo que puede contribuír al esplendór de la Nación Españóla trahe de V. M. el influxo, como de quien deséa el mayor lustre de sus vassallos: por lo qual, sin elección ni arbítrio, busca este Diccionário de justícia à V. M. para que defendido de su Real sombra, no pueda tener contra él la censúra respiración que no sea apláuso.
Señor.
Or quanto por parte de vos la Real Académia Españóla se me ha representado teníades compuesto el Diccionário de la Léngua Castellana, y que haviendo ocurrido al mi Consejo pidiendo licéncia para imprimirle por término de veinte años, remitiendole à la censura à la persona que fuesse servido, se havía mandado executarlo assi: en cuya atención se me suplicó fuesse servido concederos la licéncia que solicitábades por término de veinte años, para la impressión de las obras del referido Diccionário de la Léngua Castellana. Y visto por los del mi Consejo, y como por su mandado se hicieron las diligéncias que por la Pragmática ultimamente hecha sobre la impressión de los libros se dispóne: se acordó dár esta mi Cédula, por la qual os concedo licéncia y facultád para que por tiempo de veinte años priméros siguientes, que han de correr y contarse desde el dia de la fecha de esta mi Cédula, vos, ò la Persona que vuestro poder huviere, y no otra alguna, podais imprimir las referidas obras del Diccionário de la Léngua Castellana, por las origináles que ván rubricadas y firmadas al fin de Don Balthasar de San Pedro y Acevedo, mis Escribano de Camara, y de Gobierno del mi Consejo; con que antes que se vendan se tráhigan ante los de él, juntamente con las originales, para que se tasse el précio à que se han de vender, y se vea si la dicha impressión está conforme à ellas, trahiendo assimismo fé en pública forma como por Correctór por mi nombrado se vió y corrigió dicha impressión por las originales. Y mando al Impressor que las imprimiere, no imprima el princípio, y primer pliego, ni entregue mas que unas solas con las origináles à dicha mi Real Académia, à cuya costa se imprimen, hasta que priméro estén corregidas y tassadas por los de mi Consejo: y estándolo assi, y no de otra manéra, pueda imprimir el princípio, y priméros pliegos, en los quales seguidamente se ponga esta licéncia, y la aprobación, tassa, y erratas que tuvieren, pena de caer è incurrir en las contenidas en las Pragmáticas y leyes de estos mis Réinos, que sobre ellos dispónen. Y mando que ninguna Persona sin vuestra licéncia pueda imprimirlas, pena que el que lo hiciere haya perdido y pierda todas y qualesquier obras, moldes y aparéjos que tuvieren, y mas incurran en pena de cinquenta mil maravedis, y sea la tercera parte de ellos para la mi Cámara, otra para el Juez que los sentenciare, y la otra para el denunciadór: y mando à los de mi Consejo, Presidente y Oidores de las mis Audiencias, Alcaldes, Alguaciales de mi Casa, Corte y Chancillerías, y à todos los Corregidores, Assistente, Gobernadores, Alcaldes mayores y ordinários, y otros Jueces, Justícias, Ministros y Persónas qualesquier de todas las Ciudades, Villas y Lugáres de estos mis Réinos y Señorios, y à cada uno, y qualquier de ellos en su jurisdicción, vean, guarden, cumplan y executen esta mi Cédula, y todo lo en ella contenido, y contra su tenór y forma no vayan ni passen, ni consientan ir ni passar en manéra alguna, pena de la mi merced, y de cada cinquenta mil maravedis para la mi Cámara. Fecha en San Ildephonso à doce dias del mes de Octubre de mil setecietos y veinte y quatro años. YO EL REY.
Por mando del Rey nuestro señor. Don Francisco de Castejón.
PLAN. | COL. | LIN. | ERRATA | LEE |
IX | 38 | basta | vasta | |
XVII | 15 | Alphabeto. Por | Alphabeto: por | |
XXXIV | 7 | mil setecientos y veinte | mil setecientos y veinte y tres | |
2 | 1 | 14 | priros | primeros |
3 | 2 | 64 | Assellus | Asellus |
Tassaron esta obra los Señores del Consejo à diez maravedis cada pliego, como mas largamente consta de la Certificación que de ello dió Don Balthasar de San Pedro Acevedo, Escribano de Camara del Rey nuestro señor, y de Gobierno del Consejo, en primero de Abril de mil setecientos veinte y seis.
Or comissión del señor Doctor Don Christoval Damásio, Vicario de esta Corte, y su Partido, he visto con todo cuidado y atención el Diccionário de la Léngua Castellana, compuesto por la Real Académia de ella: y reconozco en su admirable contexto quan bien lograda fatíga y felíz desvélo han empleado los ilustres ingénios que la componen, en el curioso y eruditissimo exámen de las voces de nuestro Idióma. Todas las de la fama se ocuparán en gritar el apláuso que merece el triumpho de sus estudiosas taréas, que han conseguido desempeñar con tanto acierto el loable institúto à que destinaron su priméra aplicación. Solo un estúdio tan constantemente laborioso, tan honradamente empeñado, y tan honrosamente sostenido del elevado soberano auspicio que le favorece, huviera podido, en el sudór de pocos años, coronarse con la glória de acabar con tanta felicidad la mas molesta y prolixa empressa literária.
Este, pues, gran trabájo dá cabal satisfacción à quanto pueda, ò quiera dudar en el uso de nuestra Léngua el mas impertinente crítico, ò el mas escrupuloso observador de su castizo, puro y sólido estílo: porque con una menudissima especificación y formalissima puntualidád descubre la raíz, orígen, ò mas verosimil derivación de cada vocablo: demuestra su naturaleza y propiedád, enseña su metaphórico sentído y phrases, advierte el imprópio y violento significado que le ha introducido la ignoráncia del vulgo, insinúa el menos decente en que le ha viciado su malícia, y los equívocos en que el arbítrio de su caprichosa variedád ha dividido confusamente la primitiva unívoca entereza de su significación: explica los adágios ò refránes que se forman de su locución, previene la voz que yá está antiquada, distingue y sepára la yá naturalizada, la modernamente intrusa de extraño Idióma, y la voluntariamente inventada en el nuestro por algunos ingénios, que especialmente para lo jocoso se tomaron esta licéncia. Ultimamente toda esta insigne obra siendo tan dilatada, y tocando aunque de passo y truncadamente tantas y tan várias espécies en las innumerables citas de diversos libros sobre distintas matérias, que incluye para apoyo y comprobación de su intento, no tiene voz ni concepto que disuene de la rectitud de nuestra Religión Cathólica, y buenas costumbres, guardando siempre aquella grave decéncia y decorosa modéstia que corresponde à la grandeza del assunto, y à la gravedad y prudéncia de sus sábios y discrétos Autóres. Este es mi parecer salvo meliori.
Madrid à catorce de Septiembre de mil setecientos y veinte y quatro.
Nos el Doctor don Christoval Damásio, Canónigo de la insigne Iglésia Colegiál del Sacro-monte Ilipulitano Valparaíso, extramuros de la Ciudád de Granada, Inquisidór ordinário, y Vicario de esta Villa de Madrid, y su Partido, &c. Por la presente, y por lo que à Nos toca damos licéncia para que se pueda imprimir è imprima el Libro intitulado: Diccionário de la Léngua Castellana, que se compone de vários tomos, compuesto por la Real Académia Españóla: atento que de nuestra orden se ha visto y reconocido por el señor Don Fernando de Lujan y Sylva, Marqués de Almodóbar, y no contiene cosa que se oponga à nuestra Santa Fé Cathólica, y buenas costumbres.
Fecha en Madrid à veinte y cinco de Septiembre, año de mil setecientos y veinte y quatro.
Doctor Damásio.
E orden de el Consejo he visto con cuidado y gusto el Diccionário de la Léngua Castellana, que pretende sacar à luz la Real Académia Españóla. Y por lo que he podido comprehender de lo singular y grande que en sí contiene, la erudición, juício y prudéncia con que le escribe: la enseñanza que puede producir lo dilatado de la matéria, sobre cuyo assunto se forma: no solo hallo que censurar, sino que me paréce que se le deben dár à tan ilustre cuerpo las grácias por obra tan decorosa à la Nación.
No dudo que en la desigualdád de génios de que se compone el vício infeliz de nuestros tiempos no faltará quien quizás tenga à mál trabájo tan à todas luces grande, valiendose de lo que por gracejo expressó en la prefación de su Cuento de cuentos el discretisimo Don Francisco de Quevédo, honór y glória de nuestra España; pero fuera de que este ingénio dixo su sentir en la obra que en sus tiempos corría, y ahóra vemos debaxo del título de Thesoro de la Léngua Castellana, no me persuado pudiera correr la paridád su juício en la presente, por la maduréz, diligéncia y reflexión con que está dispuesta y executada: pues además de la igualdád en el método, que con tanto esméro se halla observada en lo crecido del assunto, se registra una exactissima uniformidád en la descripción de las voces; ceñidas à las leyes de su idéa sin mezcla de erudiciones y notícias impróprias y ajénas de su formación: se reconoce el madúro exámen y puntualidád con que están explicadas, para que ni por lo concíso sean obscúras, ni por lo dilatado molestas: y se advierte al mismo tiempo la calidád de ellas, y el modo de reducirlas al papél para su légitimo y verdadero uso, assi en lo hablado, como en lo escrito. A estas dignas circunstancias se añade la notícia de muchas palabras, y sus significados, que ò se ignoraban por olvidadas, ò no se entendían por haverlas el tiempo, y el no uso obscurecido: de las quales en quantos Vocabularios se han publicado hasta ahóra, assi Españóles, como extrangéros, ni hai hecha mención alguna, ni se halla apuntada, quanto mas advertida, su significación. Y siendo esta singularidád de tanto realce para su estimación y aprécio, sola ella basta para colegir la aplicación, estúdio, y cuidadosa atención con que se han procedido en su empressa.
Este plausible trabájo les parecerá à algunos cosa de poco ingénio, y otros, quando no le tengan por ocioso, à lo menos le reputarán por inutil; pero respondiendo à unos. y à otros por sí misma la obra, solo nos puede consolar à los buenos Españoles el que haviendo sido atendida grandemente semejante afición à la própria Léngua en Italia, Francia, y mas modernamente en Portugál, solo quien miráre con malos ojos el mayor lustre de nuestra Nación podrá murmurar de obra tan provechosa, que à costa de estudiosas desinteressadas fatígas nos advierte en lo escondido de nuestras palabras las cinco reglas que prefinió el discreto Francisco Rodriguez Lobo en su erudito libro de la Corte en la Aldéa, para hablar y entender con perfección una Léngua que son usar de ella vulgarmente con propriedád, huir de lo prolixo, no confundirse con lo breve, no poner todo el cuidado de las voces en la curiosidád, y tenerle sin confianza. Demás de que extendiendose esta obra à penetrar los primóres de las locuciones, y las verdádes de nuestros peculiares adágios, llamados comunmente refránes, sin dexarnos de dár toda la luz y enseñanza que se puede en la explicación de unos y otros, podrá emmudecer la mas crítica oposición. Por lo qual, y tambien por no hallarse en ella cosa alguna opuesta à la Religión, loables costumbres, y regalías de su Magestad (que Dios guarde) me parece se le debe dár la licéncia que pide.
Madrid y Agosto veinte y dos de mil setecientos y veinte y quatro.
L principal fin, que tuvo la Real Académia Españóla para su formación, fué hacer un Diccionário copioso y exacto, en que se viesse la grandéza y poder de la Léngua, la hermosúra y fecundidád de sus voces, y que ninguna otra la excede en elegáncia, phrases, y pureza: siendo capáz de expressarse en ella con la mayor energía todo lo que se pudiere hacer con las Lenguas mas principales, en que han florecido las Ciéncias y Artes: pues entre las Lénguas vivas es la Españóla, sin la menor duda, una de las mas compendiosas y expressívas, como se reconoce en los Poétas Cómicos y Lyricos, à cuya viveza no ha podido llegar Nación alguna: y en lo elegante y pura es una de las mas primorosas de Európa, y tan fecunda, que se hallan en ella, entre otras obras de singular artificio, cinco Novelas de bastante cuerpo, compuestas con tal especialidád, que en cada una de ellas en todas las voces, que en sí contienen, falta una de las cinco vocáles: lo que hasta ahóra no hemos visto executado en otro Idióma. Esta obra tan elevada por su assunto, como de grave peso por su composición, la tuvo la Académia por precisa y casi inexcusable, antes de empeñarse en otros trabájos y estúdios, que acreditassen su desvelo y aplicación: porque hallandose el Orbe literário enriquecido con el copioso número de Diccionários, que en los Idiómas, ò Lénguas extrangéras se han publicado de un siglo à esta parte, la Léngua Españóla, siendo tan rica y poderosa de palabras y locuciones, quedaba en la mayor obscuridád, pobreza è ignoráncia, aun de los próprios que la manejan por estúdio, y remóta enteramente à los extrangéros, sin tener otro recurso, que el libro del Thesoro de la Léngua Castellana, ò Españóla, que sacó à luz el año de 1611. Don Sebastian de Covarrubias, y despues reimprimió Gabriel de León en el año de 1672. añadido de algunas voces y notas por el Padre Benito Remigio Noidens de los Clerigos Regulares Menores.
2 Es evidente que à este Autór se le debe la glória de haver dado princípio à obra tan grande, que ha servido à la Académia de clara luz en la confusa obscuridád de empressa tan insigne; pero à este sabio Escritor no le fué facil agotar el dilatado Océano de la Léngua Españóla, por la multitud de sus voces: y assi quedó aquella obra, aunque loable, defectuosa, por faltarla crecido número de palabras; pero la Real Académia, venerando el noble pensamiento de Covarrubias, y siguiendole en las voces en que halló proporción y verisimilitud, ha formado el Diccionário, sujetandose à aquellos princípios, y continuando despues debaxo de las reglas que la han parecido mas adequadas y convenientes, sin detenerse con demasiada reflexión en el orígen y derivación de las voces: porque además de ser trabájo de poco fruto, sería penoso y desagradable à los Lectores, que regularmente buscan la propriedád del significado: y el orígen ò la derivación, quando no es mui evidente y claro, quedaba siempre sujeto à vários conceptos, despues de ser desapacible su lección, y que ocasionaría un volumen fastidioso y dilatado.
3 Como basa y fundamento de este Diccionário, se han puesto los Autóres que ha parecido à la Académia han tratado la Léngua Españóla con la mayor propriedád y elegáncia: conociendose por ellos su buen juício, claridád y proporción, con cuyas autoridades están afianzadas las voces, y aun algunas, que por no practicadas se ignóra la notícia de ellas, y las que no están en uso, pues aunque son próprias de la Léngua Españóla, el olvído y mudanza de términos y voces, con la variedád de los tiempos, las ha hecho yá incultas y despreciables: como igualmente ha sucedido en las Lénguas Toscana y Francesa, que cada dia se han pulido y perficionado mas: contribuyendo mucho para ello los Diccionários y Vocabularios, que de estos Idiómas se han dado à la estampa, y en lo que han trabajado tantas doctas Académias: sobre lo que es bien reparable, que haviendo sido Don Sebastian de Covarrubias el priméro que se dedicó à este nobilissimo estúdio, en que los extrangéros siguiendole se han adelantado con tanta diligéncia y esmero, sea la Nación Españóla la última à la perfección del Diccionário de su Léngua: y sin duda no pudiera llegar à un fin tan grande à no tener un fomento tan elevado como el de su Augusto Monarcha.
4 Para la formación de este Diccionário se han tenido presentes los de las Lénguas extrangéras, y especialmente el Vocabulario de la Crusca de Florencia, cuya última edición, que fué la tercera, se hizo el año de 1691. y no le llama Vocabulario, porque en la Léngua Españóla se entienden comunmente por Vocabularios los libros en que se expressan las voces, sin explicarlas, ni adornarlas con etymologías y phrases que se vuelven en otra Lengua, como Latina, Francesa, ò Toscana, y por Diccionários se entienden los libros, donde no solo se vierten en otra Léngua los vocablos, sino que se explica su naturaleza, y el sentído de las phrases, quando la voz se junta con otra, ù otras: y siendo de esta idéa el actuál, ha parecido à la Académia con este fundamento llamarle Diccionário, no pudiendose dudar de esta común aprehensión en las voces Diccionário, y Vocabulario, aunque en la realidád parezcan à primera luz synónimas, como lo son sus raíces Dicción, y Vocablo. En este Diccionário se ponen generalmente todas las voces de la Léngua, estén, ò no en uso, con algunas pertenecientes à las Artes y Ciéncias, para que con su notícia se pueda saber su significado con la proporción correspondiente: y aunque se ha procurado con la vigiláncia possible poner todas las voces con los significados mas próprios, sin suda que en esta priméra impressión se echarán menos algunas, y se notarán otras con muchos errores, ò equivocaciones, en que inculpablemente se haya incurrido; pero una obra tan grande como la del Diccionario no puede salir de una vez con toda la perfección que debe, por el immenso trabájo que ha costado el hallar las voces, sus significados, y las autoridades que corresponden à cada una: y assi es preciso que se noten muchos defectos: porque como depende de excitación de espécies, y de retención en la memória, no es possible apurarla en toda perfección: además, que ningun Vocabulario, ni Diccionario salió de la priméra edición tan perfecto, que no haya sido preciso corregirle, y emendarle en las siguientes impressiones: y con ser tan ámplio el de la Académia de la Crusca, al tiempo de la última impressión se notaron algunos errores, que en el Prólogo se ofrece emendarlos en la siguiente: la qual no se ha repetido hasta ahóra desde el año de 1691. y reconociendose el progresso de los Diccionarios de la Léngua Francesa, es evidente que aquella Real Académia, que se empezó à establecer el año de 1629. tuvo por principál objéto formar un Diccionario de la Léngua, el qual no le concluyó hasta el año de 1694. que se publicó la priméra impressión; aunque el de 1675. se imprimió en París el Diccionario Francés y Latino por el Abad Danet, de orden de aquel gran Rey Luis XIV. para el uso de los estúdios del serenissimo Delphín, que el año de 1712. se volvió à estampar, enriquecido de los mejores modos de hablar una y otra Léngua, con notas de Crítica y de Grámmatica, cuya obra es excelente: y en el año de 1680. P. de Richelet imprimió en Ginebra su Diccionario Francés, con adverténcias bien curiosas; pero haviendo fallecido Antonio Furetiere, Abad de Chalivoy, y de la Académia Francesa, se estampó con su nombre en el Haya, y Roterdán el año de 1694. el Diccionario universál, con todas las palabras Francesas, assi antíguas, como nuevas, y los términos de todas las Artes y Ciéncias, entres volumenes en quarto: cuya impressión se acaba de aumentar en quatro libros en folio, que en fin del año passado de 1725. se han impresso en el Haya. La Académia Francesa emendando su Diccionario, le volvió à estampar en París en dos tomos en folio el año de 1718. sumamente corregido y aumentado; pero à todos estos adelantó el universál Francés y Latino, que apareció en aquella ilustre y grande República litéraria, y contiene la significación, y definición, tanto de las palabras de la una, y de la otra Léngua con sus diferentes usos, como de los términos próprios de cada estádo y professión, la descripción de todas las cosas naturales y artificiales, sus figúras, espécies, usos y propriedades, la explicación de todo lo que encierran las Ciéncias y Artes liberales, y mechánicas, con notas de erudición, y de Crítica, obra de los R.R. P.P. de la Compañía de Jesus del Colegio de Trevous, Capital de la soberanía de Dombes, que el año de 1721. ilustraron, y engrandecieron en segunda impressión en quatro volumenes mui gruessos: con cuya frequéncia de impressiones, y con estos últimos Diccionarios se ha perficionado una empressa tan árdua como el Vocabulario, ù Diccionario de la Léngua Francesa, en que hombres tan insignes, y grandes por su sabiduría se emplearon con singular diligencia cerca de un siglo: pues Richelet dice en su Prólogo el año de 1680. Que personas ilustres en las letras trabajaban cerca de quarenta y tres años en una obra de esta calidad: y aun cada dia la están adelantando y puliendo, como se reconoce en la freqüente repetición de impressiones. Oy la Real Académia Españóla dá princípio al Diccionairo de su Léngua, con la satisfacción y glória de ser la priméra à romper tantas y tan insuperables dificultades como se han ofrecido en su práctica: y las Críticas que se hicieren à esta dilatada obra, si fueren apreciables, servirán de luz para corregirla en la segunda impressión; pero sino fueren estimables, quedarán sepultadas en su próprio desprécio.
5 El amor à las letras, y la cultúra y pulidéz del trato humano ha reducido casi todas las Ciéncias, ò Artes à Diccionarios, intentando que por ellos se aprendan y sepan. Mas acomodado y de menos fatíga es su estúdio; pero la opinión de los Sabios es que la edición de los Diccionarios ha perjudicado mucho à la República literária, porque no se estudian las Ciéncias con sólidos fundamentos, sino por la ligéra superficie de la explicación de las voces, ò términos sueltos y divididos por Abecedario, en los Diccionarios. Esta evidente senténcia no se debe entender, ni comprehende à los Diccionarios de las Lénguas, donde se expressan los significados de las voces, su variedád, el sentído de cada una, sus phrases y elegáncia, cuya inteligéncia y estúdio es preciso à próprios y extraños, y el méthodo mas regular y facil es el de los Diccionarios: y por esta razón han sido tan apreciables todos los que han salido hasta ahóra en los países extraños: y faltandole à la Léngua Españóla el suyo, ha sido este el principal empeño de la Académia, sin que sea su fin emendar, ni corregir la Léngua (con cuya vulgaridád se ha impugnado su instituto) sí solo explicar las voces, phrases, y locuciones, desterrar y dár à conocer los abusos introducidos, para lo qual no ha omitido explicar muchas voces antiquadas, algunas que tienen yá menos uso, y calificar la energía y elegáncia de la Léngua, assi para el uso de los extrangéros, como para curiosidád de la Nación: y sobre todo para su mayor aplaúso y glória, porque es común vanidád de todas hacer pública la vivacidád y pureza de su Léngua.
6 Es mui grande el descuido, ò ignoráncia que se padéce en la Orthographía, aunque en ninguna Léngua habrá mas tratados de esta essencial parte de explicar por escrito el Idióma, porque passan de treinta Autóres los que han escrito sobre la Orthographía Castellana. La Académia no se ha introducido à impugnar, ni calificar à ninguno, y para su próprio uso ha establecido, y fijado su Orthographía, porque su intencion no es enseñar, sino proceder por sí, constante en el modo de escribir, siguiendo para este sin las reglas que le han parecido mas proporcionadas de los mismos Aut�res que han escrito de este assunto: como se comprueba por el tratado de Orthographía, que sigue à este Prólogo: en cuya inteligéncia se podrá seguir el méthodo que pareciere conveniente, pues en tanta confusa variedád no podrá faltar comprobación.
7 Por lo que mira à las Etymologías hace la Académia la misma ingénua expressión, como se reconocerá por el discurso de ellas, que en adelante se pone. Habla la Académia de las Etymologías con el pulso y moderación que corresponde al peligro de errar: y tiene por mas congruente evitar muchas, antes que exponerse à un errór cierto, que justamente se le impugnasse.
8 De las voces próprias pertenecientes à Artes liberales y mechánicas ha discurrido la Académia hacer un Diccionario separado, quando este se haya concluído: por cuya razón se ponen solo las que han parecido mas comúnes y precisas al uso, y que se podían echar menos.
9 En el cuerpo de esta obra, y en el lugar que les corresponde, se ponen várias voces peculiares y próprias, que se usan freqüentemente el algunas províncias y réinos de España, como en Aragón, Andalucía, Astúrias, Murcia, &c. aunque no son comúnes en Castilla: y en las de Aragón se omiten las que vienen de la Léngua Lemosina, y no están autorizadas con los Fueros, Leyes, y Ordenanzas de aquel réino.
10 Tambien se annotan las voces de la Gerigonza ò Germanía, de que suelen usar los que vulgarmente se llaman Gitanos, y los preciados de guapos para entenderse entre sí, segun la explicación que de ellas hizo Juan Hidalgo en su Vocabulario, y se halla en el de las Lénguas Españóla y Francesa de César Oudin, impresso en Bruxelas el año de 1625. assi por ser casi todas las dichas palabras en su formación Castellanas, aunque tomadas en diverso significado, como por encontrarse muchas veces en algunas obras jocosas de prosa y verso de Autóres clássicos, à fin de que se entienda y perciba el sentído en que las usaron.
11 Las citas de los Autóres para comprobación de las voces, en unas se ponen para autoridád, y en otras para exemplo, como las voces que no están en uso, y el olvído las ha desterrado de la Léngua, de calidád que se haría extraño y reparable el que hablasse en voces Castellanas antíguas, que yá no se practican; pero aunque la Académia (como se ha dicho) ha elegido los Autóres que la han parecido haver tratado la Lengua con mayor gallardía y elegáncia, no por esta razón se dexan de citar otros, para comprobar la naturaleza de la voz, porque se halla en Autór nacionál, sin que en estas voces sea su intento calificar la autoridád por precissión del uso, sino por afianzar la voz: y en los Autóres que la Académia ha elegido para comprobar las voces por castízas y elegantes, se ponen las citas, sin graduación ni preferéncia entre sí, evitando hacer este juício comparativo, siempre odioso: pues solo ha puesto el cuidado de citar los que usaron con la mayor propriedád la voz de que se habla.
12 Los synonymos que se ponen en este Diccionario, para declarar è ilustrar las voces, son pocos; pero los mas escogidos, semejantes, è immediatos al significado, porque bien examinada la energía de la Léngua Españóla, son mui limitados los synonymos que en ella corresponden enteramente: y assi se ha determinado omitirlos, no haciendo falta para la explicación de las voces, y solo se expressan los que no admiten duda en lo conforme de la significación.
13 Es secundissima esta Léngua en los diminutivos, y aumentativos, cuyas derivaciones son várias en ito, en illo, en ote, en azo: como de perro, perrito, perrillo, perrote, perrazo, de macho, machito, machillo, machote, machazo, ò en ita, y en illa: como de tabla, tablita, tablilla, tablote, tablazo: y de este genero se pueden sacar diminutivos, y aumentativos de casi todas las voces, como igualmente los superlativos, porque en esto es la Léngua mui voluntária,cuya expressión sería sumamente difusa y penosa, y en este Diccionario se ponen solo los mas usados, y que se hallan autorizados por los Escritores escogidos.
14 Se han puesto todas y solas las voces apelativas Españólas, observando rigurosamente el orden Alphabético en su colocación: y assi todas se deben buscar por él, y no por sus raíces y voces primitívas de quienes se derívan, haviendo tenido las Académia este méthodo por mas claro: del qual solo se exceptúan los particípios de los verbos, porque en ellos para mayor brevedád, y no repetir todos los significados de cada uno (que algunas veces son muchos) se ponen immediatos à los verbos, no observando en ellos el rigor Alphabético, en cuyo orden várias veces tuvieran lugar mui lejos de sus verbos, y las mas antes que estos, lo que sería de notable desproporción: y han quedado excluídas del Diccionario todas las voces y nombres próprios de personas y lugáres, que pertenecen à la História, y à la Geographía, y se han excusado tambien todas las palabras que significan desnudamente objéto indecente: y en cada voz se explica la parte que es de la oración, si verbo, nombre, ò particípio, &c. con la adverténcia de haver puesto en los verbos los tiempos que tienen irreguláres: como en andar, anduve, en traher, traxe, y los anómalo de otros verbos.
15 La priméra vez que se ponen las voces para explicarlas se han escrito con letras versales, para que se puedan hallar con mayor facilidád, y quando se repíten en artículo aparte, por razón de tener otro sentído, ò estar en princípio de phrase, ò refrán, se ponen con versalillas. Y atendiendo à que en las fundiciones de esta espécie de letras no hai accentos, y que para notícia del modo de pronunciar la voz podrían hacer falta, se ha tomado el medio de que à las dicciones, que en los artículos de su explicación ván repetidas en las autoridades ù por otro motívo, se les ponen alli los accentos que les corresponden, y en las que no hai esta oportunidád se repíten de letra pequeña entre parénthesis, immediatamente à las versáles, y se les ponen los accentos que necessítan: y aun esta circunstáncia se suele tambien excusar en aquellas cuya pronunciación es conocida de todos, como los infinitivos de los verbos, que no se puede ignorar ser larga la última sylaba, y en los particípios en que lo es la penúltima.
16 Se refieren las voces primitívas con su definición, descripción, ò etymología, y las derivadas y compuestas, y las pocas que hai synónymas, con los epithétos mas usados, sus phrases, y los refránes que convienen con las próprias voces, y son mas moráles: omitiendo la Académia referirlos todos, porque algunos son sumamente sencillos, y de literal significación: además, que haviendose estampado en los años de 1555. de 1568. y 1619. los refránes ò adagios, que recogió en romance y glossó Hernan Nuñez de Guzman, llamado el Pinciano, y mas comunmente el Comendador Griego, y antes juntó en gran parte el Marqués de Santillana Don Iñigo Lopez de Mendóza, impressos en Sevilla en el año de 1508. y la Philosophía vulgár de Juan de Malára en mil refránes glossados, y los que explicó y sacó à luz el año de 1675. el Licenciado Geronymo Martin Caro y Cejúdo, y otros Autóres, sería trabájo mui inutil expressar los que no tienen moralidád, y buen sentído, quando todos ò las mas fe pueden vér en los Autóres que los han impresso.
17 Despues de todas las acepciónes que convienen à cada voz, y ván en artículos aparte, se ponen todas las phrases que le corresponden, y luego los refránes, observando tambien en uno y otro el riguroso orden Alphabético.
18 En la versión Latina de las voces ha procurado poner la Académia la mayor conformidád; aunque muchas veces es casi impossible convertir igualmente la voz Castellana en otra Latina, por cuya razón para inteligéncia de los extrangéros se ha usado de algunas phrases en los casos que ha sido preciso, con el deso de la mayor claridád, y conocimiento de los Lectóres: y tambien por evitar no volver la voz Españóla en otra Latina, menos expressíva, y no tan correspondiente.
19 Algunos Autóres se han citado por los folios, ò páginas de sus obras, para mas conveniéncia de quien quisiere cotejar la autoridád que se refiere: y tambien porque no dividiendose sus escritos por Capítulos, ò con otro género de distinciones, ha sido preciso usar de este méthodo, para la comprobación, si se buscare: y para inteligéncia de las cifras de sus nombres y obras, se pone al princípio de cada tomo la declaración conveniente de los Autóres que en él se citan.
20 Los verbos se han de buscar por los infinitivos: como arrojar, atender, herir. Los nombres adjetivos se deben buscar en su terminación masculina.
21 Los refránes se hallarán en su voz dominate, y quando tienen dos, en una ò en otra: y las phrases se encontrarán de la misma fuerte, aunque por lo general ván puestas en el verbo que les corresponde.
22 La V, y la B, las confunde la Léngua Españóla, por la poca adverténcia, y por esta razón no se puede dár regla fixa. En el tratado de Orthographía, que la Académia ha hecho para su uso, se explica la diferéncia de estas dos letras: y quien buscáre alguna voz, como abilantéz en la a, y b, sino la hallare, la encontrará en la av, avilantéz.
23 Las voces principáles, que siguen el orden Alphabético, están escritas en todas sus letras, segun el tratado de Orthographía; pero se debe advertir, que en la explicación de las voces, y en los textos de los Autóres citados, se encrontrará alguna variedád, ocasionada assi por la incúria de los Impressores, como porque en algunas voces es mui dudosa la letra con que se deben escribir, hallandose en ellas B, ò V, cuya determinación es de bastante estúdio: y hasta que estas voces lleguen à ser principáles no se pueden fijar: por cuya razón podrá suceder que se hallen con alguna variedád en lo escrito.
24 Estas advertencias y consideraciones ha tenido presentes la Académia, para manifestarlas à los Lectóres con la mas ingénua sinceridád, remitiendo à su prudente juício las demás que hallaren, y se hayan omitido por descuido inculpable: como igualmente las faltas, erróres, ò equivocaciones que tenga este Diccionario: pues una obra de tanto estúdio y grandeza no puede salir enteramente perfecta en muchos años de trabájo, y sin la repetición de algunas impressiones; pero lo que no se empieza no puede llegar al caso de que se concluya: y para ue se emiende y perficione, pone oy la Real Académia Españóla à vista del Orbe literário este primer volúmen de su obra, con la satisfacción de haver vencido tantos, y tan graves embarazos como havían ocurrido para su logro: y sírvala de mérito, para disculpa de sus omissiones involuntárias, su ardiente zelo por la glória de la Nación.
Uvo princípio la Académia Española en el mes de Junio del año de 1713. Su primer Autor, y Fundadór (à quien este cuerpo confiessa agradecido deber el sér) fué el Excelentissimo señor Don Juan Manuel Fernandez Pacheco, Marqués de Villéna, Duque de Escalóna, Mayordomo Mayor del Rey nuestro señor, y Caballero del Toisón de Oro, en quien igualmente concurrían la grandeza en el nacimiento, las mas elevadas prendas en las virtudes moráles, la constáncia en las mayores tribulaciones, el exemplo en la mas acrisolada fidelidád, y una continua aplicación à las buenas letras, desde que tuvo uso de la razón, hasta el último término de su vida: lo que acredíta bien la copiosa y selecta librería, con gran cantidád de curiosos y apreciables manuscritos, que dexó por fruto de su incessante desvélo. Debiera aqui la gratitúd à su venerada memória dexar correr la pluma en sus merecidos elógios, pero lo suspende, por haver parecido mas conveniente imprimir aparte algo de los mucho que se puede decir en su alabanza, por no interrumpir la relación de la institución y progressos de la Académia: permitiendo este ligéro desahogo para consuelo de agradecimiento.
2 Este sábio Heróe hallandose en los últimos tercios de su loable aplicación, procuró y consiguió se prosiguiesse, aun despues de muerto, en el estúdio de la Académia, que estableció: para cuyo intento suplicó el Rey nuestro señor Don Phelipe Quinto (Dios le guarde) se sirviesse de dár licencia de que se pudiesse formar este congresso, à que debía preceder su Real beneplácito. Concedióle su Magestad con la mayor dignación, manifestando haver tenido antes ánimo de resolver lo mismo que entonces le proponía el Marqués. Con tan soberano apóyo se discurrió en convocar Persónas que compusiessen este cuerpo, que (segun lo referido) tuvo priméro alma que diesse vida, que materiál sugéto en quien infundirse. Solicitó el Marqués à algunos, que sirviessen de primer matéria à esta composición: y su grandeza, autoridád y respéto hallaron quien se ofreciesse al trabájo, por honra própria, y lustre de la Pátria, sin reparar en assunto tan árdio como el que se proponía, ni en lo dificil que es unir voluntades diversas, y entendimientos distintos à una idéa misma: porque à todos los conformó unicamente el deséo de hacer lo mejor, y la glória de tener parte en empressa tan vasta, que cada uno conocía y confessaba no ser bastante su esfuerzo para sostenerla. Los priméros que concurrieron con el Marqués à formar las Juntas, hasta la del dia tres de Agosto del mismo año de 1713. que fué la primera que se puso por escrito en el libro de acuerdos, y son los que se deben tener por fundadóres, fueron:
El Doctor Don Juan de Ferreras, Cura próprio de la Parrochial de San Andrés de esta Villa, Examinadór Synodál de este Arzobispado, Theólogo de la Nunciatúra, Calificador del Supremo Consejo de Inquisición, y su Visitadór de Librerías, oy Bibliothecario Mayor de su Magestad.
Don Gabriél Alvarez de Toledo y Pellicér, Caballero del Orden de Alcántara, Secretário del Rey nuestro señor, Oficiál de la Secretaría de Estado, y primer Bibliothecario de su Magestad: el qual falleció en 17. de Enero del año de 1714.
Don Andrés Gonzalez de Bárcia: oy del Consejo de su Magestad en el Supremo de Guerra.
El Padre Maestro Fray Juan Interián de Ayala, del Cláustro, y Cathedratico, primero de regéncia de Philosophía, y despues en propriedád, y Jubilado en la de sagradas lénguas en la facultad de Sagrada Theología de la Universidád de Salamanca, Predicador y Theólogo de su Magestad en la Real Junta de la Concepción, Padre de la Província de Castilla del Real y militar Orden de nuestra Señora de la Merced, Redención de Cautivos.
El Padre Bartholomé Alcazar, de la Compañía de Jesus, Maestro de erudición en el Colégio Imperiál de esta Corte, y Chronista de su Religión: el qual falleció en 14. de Enero del año de 1721.
El Padre Joseph Casáni, de la Compañía de Jesus, Calificador del Supremo Consejo de Inquisición, su Visitadór de Librerías, y Maestro de Mathemáticas en el Colégio Imperiál.
Don Antonio Dongo Barnuevo, Bibliothecario de su Magestad, y Oficiál de la Secretaría de Estado, que falleció en 10. de Octubre del año de 1722.
Don Francisco Pizarro, Marqués de San Juan, Caballero de la Orden de Calatraba, y Mayordomo de la Réina nuestra señora: oy su primer Caballerizo.
Don Joseph de Solís Gante y Sarmiento, Marqués de Castelnovo y Pons, Caballero del Orden de Calabraba: despues Conde de Saldueña, y oy Duque de Montellano.
Don Vincencio Squarzafigo Centurión y Arriola, Señor de la Torre del Passage en la Província de Guipúzcoa.
3 Tenianse estas Juntas en la Posáda del Marqués, sin observar formalidád en assientos, ni en votos. Reducianse à tratar las matérias que ofrecía la conversación; bien que siempre venían à parar los discursos en que se formasse Académia, que tuviesse por primero y principál instituto el trabajar un Diccionario de la léngua. Esta idéa era generál; pero ella, y la Académia estaban en un informe embrión, siendo preciso que el desvélo y la fatíga venciessen y allanassen las grandes dificultades que se ofrecían para practicar lo que se ideaba. No se dudó sería trabajo util à la Nación, poque se manifestaría con evidéncia à las demás, que nuestra léngua Castellana no era inferior à ninguna de las mas cultivadas de Európa, assi en la pureza de sus voces, como en la valentía de sus expressiones, en lo conciso de sus cláusulas, en lo elegante de sus phrases, y en lo sonóro de sus composiciones: y que el no haver tenido el apláuso que merece ha sido por culpa de que nuestros Autores no la han manejado con el debído estúdio: no porque la léngua no sea capaz de la mas elegante rhetórica, segun se vé en aquellos Autores, que con algun cuidado han repassado sus escritos, ò han tenido la fortúna de posseer una facúndia naturál, que de estos hai muchissimos, segun se manifiesta en la copiosa lista que tiene formada la Académia, sentída de no poder nombrarlos à todos, porque entonces sería Bibliotheca, lo que solo es Catálogo. De aqui se infiere la impropriedád del dictério con que nos han motejado algunos Extrangéros, que llamaron mónstruos al celebrado mystico Fray Luis de Granada, al chistoso Quevedo, al ingenioso Cervantes, al discreto Calderón, y à otros; porque estos no fueron en la léngua mónstruos, sino estudiosos y felices en el modo con que la usaron: y assi pudieron manifestar al mundo lo que comprehende nuestro Idióma, y lo mucho que pierde el descuido, ù desaliño de aquellos, que no reparando en limar su estílo, abandonan el primór de engastar sus escritos en el oro finissimo de la eloqüéncia.
4 Deciase tambien ser justo fijar la léngua, que (haviendo tenido à la Latina por Madre, y despues con la variedád de domínios padecido la corrupción que es notória) se havía pulido y adornado en el transcurso de los tiempos, hasta llegar à su última perfección en el siglo passado: y no era decente à nosotros, que logrando la fortúna de encontrarla en nuestros dias tan perfecta, no eternizassemos en las prensas sus memória, formando un Diccionario al exemplo de las dos celebradissimas Académias de París y Florencia. Crecía este deseo al passo que se consideraba era poco áire de nuestra Nación estar sin este adorno, quando de este género de libros, en que se explican las voces de las lénguas natívas, se insinúan sus orígenes, y se aproprian las phrases, el Autor mas antíguo, que se reconoce en la República literária, fué el Español Don Sebastian de Covarrubias, que con novedád publicó este méthodo. Su libro ha merecido la estimación de próprios y Extrangéros; pero como es facil al ingénio añadir y limar lo mismo que se halla inventado: los Franceses, Italianos, Ingleses y Protugueses han enriquecido sus Pátrias, è Idiómas con perfectissimos Diccionarios, y nosotros hemos vivido con la glória de ser los primeros, y con el sonrojo de no ser los mejores. Covarrubias fué solo, no tuvo quien le dirigiesse, ò ayudasse: es cierto, que abrió el camíno; pero no pudo poner mas que aquellas voces que le excitó la phantasía. Con todo, fué loable su trabájo, y fué felíz en dár la norma; bien que como era único, no consiguió saliesse su obra tan perfecta, como si à ella huviessen concurrido muchos: lo que executaron las dos Académias Francesa, y de la Crusca: y no parecía justo, que no supliessemos, siendo muchos, lo que nuestro Covarrubias no havía podido lograr, por ser solo.
5 Estas consideraciones produxeron la resolución de que lo priméro que en la Académia se tratasse, fuesse ordenar un Diccionario, abundante de voces, autorizadas con exemplos de los mejores Autores, claro en la explicación, facil en el uso, y que supliesse lo que en Covarrubias faltasse. Y con efecto, para experimentar las plumas, se repartió parte de la letra A en sus priméras combinaciones AB. AC. AD. &c. las quales se sortearon entre los que se hallaron presentes, y cada uno se encargó de la que le tocó, para componerla segun su méthodo, y que se pudiesse elegir despues el que pareciesse mas conveniente para salir al público.
6 El deseo obligaba à adelantar las execuciones; pero al mismo tiempo se tropezaba en las dificultades. Las Juntas no se celebraban con la debida orden: preciso efecto de estar aquel cuerpo sin cabéza, en quien pudiessen hallar su decissión las dudas que se ofrecían y disputaban. Tambien se echaba menos una Secretaría, en que se conservasse la notícia de lo que se resolvía: pues intentar encomendarlo todo à la memória, era lo mismo que fiar de la contingéncia la estabilidád. Para ocurrir à todo, se convino de comun acuerdo en nombrar por Director y Presidente al Excelentissimo señor Marqués de Villena, empezando la Académia con tan acertada y justa elección à desempeñar en alguna parte las grandes obligaciones que à su Excelencia confessaba. Para Secretario estaba destinado, desde que entró en las Juntas, Don Vicencio Squarzafigo Centurión y Arriola, porque en sus conocidas prendas, y curiosa aplicación se asseguraba la puntualidád pretendida, assi en escribir los acuerdos de la Académia, como en archivar los papéles, y tenerlos prontos siempre que fuessen menester. Con las determinaciones referidas se fué animando este cuerpo; pero la obligación del vassallage no permitió mudar assientos, ni observar otra formalidád, sin que precediesse licencia expressa del Rey nuestro señor, porque la facultad concedida, y agrado que se havía servido manifestar de la idéa (como vá dicho) era verbál: en cuyos términos pareció indispensable dár cuenta à su Magestad de lo executado, y suplicarle se dignasse de aprobarlo por escrito, concediendo su Real Protección à la Académia, sobre cuya basa fundamental se prodría con firmeza levantar este edificio: y para lograrlo se formó memoriál, que se presentó à su Magestad por mano del Marqués, y en su nombre, que fué el siguiente.
SEÑOR. El Marqués de Villena, Duque de Escalóna, à los pies de V. Magestad, dice, que haviendole manifestado diferentes Persónas de calidad, letras, y ardiente zelo de la glória de V. Magestad, y de nuestra Nación, el deseo que tenían de trabajar en común à cultivar y fijar en el modo possible la pureza y elegáncia de la léngua Castellana dominate en la Monarchía Españóla, y tan digna por sus ventajosas calidades de la sucessión de su madre la Latina, le pareció ofrecer su casa y Persóna para contribuír à tan loable intento; pero como esta sea matéria en que se interessa el bien público, glória del Reinado de V. Magestad, y honra de la Nación, no es justo nos venga este bien por otra mano que por aquella en quien Dios ha querido poner la defensa de nuestra libertad, y de quien esperamos nuestra entera restauración: por lo qual acudimos à los pies de V. Magestad, pidiendole se sirva de favorecer con su Real Proceccion nuestro deseo de formar debaxo de la Real autoridád una Académia Españóla, que se exercite en cultivar la pureza y elegáncia de la léngua Castellana: la qual se componga de veinte y quatro Académicos, con la faculta de nombrar los oficios necessários, abrir sellos, y hacer estatútos convenientes al fin que se propóne: dispensando V. Magestad à los sugétos que la compusieren los honores y privilégios de criados de su Real Casa: à cuya glória se dirigirán siempre sus trabájos, como sus votos à la mayor felicidád de V. Magestad, y de su augusta familia.
7 Mientras este memoriál se decretaba fueron continuando las Juntas, para discurrir los estatútos que se havían de formar, y tambien la empressa, sello, y nombre que se daría à la Académia. Por lo que mira à estatútos, quedaron acordados los que poco despues se imprimieron, y ahora se pondrán aqui en el lugar que les corresponde. Para la empressa, que havía de servir de escúdo y sello, se acordó la trabajassen los Académicos en sus casas, y traxessen todos lo que cada uno huviesse discurrido à la Junta, donde se elegiría lo que pareciesse mejor. Executado assi, se resolvió por comun acuerdo tomar por empressa y sello próprio un crisól al fuego con este mote: Límpia, fija, y dá esplendór. Aludiendo à que en el metál se representan las voces, y en el fuego el trabájo de la Académia, que reduciéndolas al crisól de su exámen, las límpia, purifica, y dá esplendór, quedando solo la operacion de fijar, que unicamente se consigue, apartando de las llamas el crisól, y las voces del exámen. Con que de passo se satisface al reparo que se encuentra en los libros impressos en Francia, con el título de Journál des Sçavans: pues no se ignóra, que el fuego en lugar de fijar liquída los metáles; pero tambien se sabe, que si estos tuvieren alguna escória: el que quisiere fijarlos sin esta imperfección está precisado à valerse del fuego y el crisól, donde se liquíden para purificarse, y despues puedan fijarse con nuevo, ò mayor esplendór: siendo constante, que ningun metál podrá purgarse de la mezcla impúra que tuviere, sin que primero se liquíde al exámen del crisól, ò al martyrio de la copéla. Y entendidas assi empressa y mote, no podrá negarse, que en el todo de uno y otro esta significado con rigurosa propriedád el assunto de la Académia.
8 Sobre el nombre, aunque se tenían presentes los vários títulos que hasta ahóra han tomado diversas Académias de Italia, como en Sena la Académia de los Entronizados, en Florencia de la Crusca, en Bolónia de los Ociosos, en Milán de los Escondidos, en Roma de los Humoristas, en Pavía de los Confiados, &c. pareció mas acertado imitar à la Académia Francésa en no dár à esta otro nombre que el de Académia Españóla, considerando que en España no ha havido ni hai otra con quien poder equivocarla: al contrário de lo que sucéde en Italia, que como son muchas y florecen à un mismo tiempo, necesitan de diferentes nombres para distinguirse.
9 La resolución del memoriál presentado al Rey nuestro señor aprobó en cierto modo las resoluciones acordadas en las Juntas referidas: pues por el mes de Noviembre del año de 1713. se recibió papél del Marqués de Mejorada, Secretario (entonces) del Despacho, dirigido à nuestro Excelentissimo Directór, en que su Magestad se servía de pedir notícia de lo mismo que yá estaba acordado, en la forma siguiente.
EXCmo. SEÑOR. En memoriál que V. E. puso en manos del Rey representó haverle manifestado diferentes Persónas de calidád y letras, y ardiente zelo de la glória de su Magestad, y de nuestra Nación, el deseo que tiene de trabajar en común à cultivar y fijar en el modo possible la puréza y elegáncia de la léngua Castellana: que con este motivo pareció à V. E. ofrecer su casa y Persóna para contribuir à tan loable intento: y que en el supuesto de ser matéria en que se interessa el bien público, glória del Rey, y honra de la Nación, pedía V. E. se sirviesse su Magestad de favorecer con su Real Protección el deseo de formar debaxo de la Real autoridád una Académia Españóla, que se exercite en cultivar la elegáncia y pureza de la léngua Castellana, la qual se compone de veinte y quatro Académicos, con la facultad de nombrar los oficiales necessarios, abrir sellos, y hacer estatútos convenientes al fin que se propóne, dispensando su Magestad à los sugétos que la compusieren los honóres y privilégios de criados de la Real Casa. El Rey enterado de este contexto, y no dudando de las grandes ventajas que se deben prometer de una Académia, para trabajar en un Diccionario exacto y puntuál de la léngua Españóla, me ordena su Magestad assegúre à V. E. quan agradable le es su zelo en esto, y que diga à V. E. le seá igualmente estimable siga este proyecto, assegurando desde ahóra, y ordenando à V. E. assegúre à los sugétos que entraren en él, que su Magestad está dispuesto à proteger esta empressa con su Real autoridád; pero considerando su Magestad que conviene antes de expedir las órdenes que à este fin se hayan de dár, que se formen los estatútos y reglamentos para concurrencias y Juntas de la Académia, y sus obras y trabájos, resuelve se ordénen, y se pongan en sus Reales manos. Dios guarde à V. E. muchos años, como deseo. Palacio tres de Noviembre de 1713. El Marqués de Mejorada y de la Breña. Señor Marqués de Villena.
10 Como estaba conferido y resuelto lo que el Rey preguntaba, fué facil obedecer à su Magestad, remitiendo por la misma Secretaría à sus Reales manos los estatútos, la empressa, y una breve y puntuál relación de la idéa concebida: añadiendo en esta representación, que la Académia solo pretendía el grado de criados de su Magestad, como el mas honorífico que pueden conseguir sus vassallos: sin que fuesse su ánimo solicitar gajes, ni otro título, que el que dá el nombramiento, ò elección de Académicos: ni menos era su intención disputar preferéncia alguna con las demás classes de criados de la Casa Real: pues su único deseo era lograr la fortúna de ser atendida y privilegiada con este honór. Executado lo referido, se prosiguió la obra del Diccionario, dando à los que entraban de nuevo la combinación que se seguía de la letra A, para que cada uno la fuesse trabajando, segun el própio numen, ò la imitación de otros Diccionarios: hasta que mas actuados los entendimientos, se formó una planta, de que à todos se repartieron cópias impressas, para que gobernados por ella, fuesse mas uniforme el trabájo. Bien se tuvo entonces presente, que esta planta no havía de ser estatúto inviolable, siendo la práctica la que enseñasse mas, pues aunque hasta alli parecía que siguiendo aquellas leyes se ajustaría el Diccionario à la mejor regla; con todo esso, como el tiempo advierte mucho, y la experieéncia es antorcha, que luce siempre, pero alumbra tarde, era prudéncia no definir absolutamente lo que se podia hallar menos conveniente en la execución de su uso. Es verdád que le efecto ha manifestado el madúro acuerdo con que se dispuso, porque se ha seguido casi en todo: pues solo se ha dexado de observar el poner à los nombres sus epithétos, y à los verbos sus derivados, porque se reconoció causar mas confusión, que utilidád. La planta fué la siguiente:
Lo priméro se han de poner todas, y solas las voces apelativas Españólas, observando rigurosamente el orden Alphabético en su colocación: y por consiguiente quedarán excluídas del Diccionario todas las voces y nombres próprios de Persónas y Lugáres que pertenecen à la História, y à la Geographía. Y tambien se excusarán todas las palabras que significan desnudamente objéto indecente.
En cada voz se debe poner immediatamente, y en abreviatúra (como despues se dirá) qué parte es de la oración? Si Verbo, Nombre, ò Particípio, &c. En el Nombre, si es substantivo, ò adjetivo, masculino, ò femenino. En el Verbo, si es activo, néutro, impersonál, ò recíproco. En el Particípio, si es activo, ò passivo. Y á esta forma en las otras Partes de la oración, si algo les perteneciere.
En los Verbos que tuvieren irreguláres algunos tiempos, ò Persónas, &c. se debe advertir: como en Traher, Traxe: en Andar, Andúve, &c. y lo anómalo que huviere en otros Verbos y Nombres.
Poner las voces primitivas con su Definición, ù Descripción, y su Etymología, y despues las derivadas, compuestas, y synónymas, los Epithétos mas usados, y los Refránes.
Con cada Verbo poner sus Particípios, los Compuestos, y los Verbales.
Los Términos adverbiales, que constan de mas de una voz, se colocarán en el lugar que les toca de riguroso Alphabéto; remitiéndolos para su explicación à la voz Dominante: como A raíz. Vease Raíz. De propósito. Vease Propósito. Por fuerza. Vease Fuerza, &c.
En cada una de las Voces primitivas poner el uso, ò phrases admitidas.
En cada Voz expressar su qualidád: conviene à saber, si es antiquada, ò usada; si es baxa, ò rustica; Cortesana, Crutiàl, ò Provinciàl: equívoca, proverbiál, metaphórica, ò bárbara.
Si se encontráre extraordinaria pronunciación de una letra en diferentes voces, se explicará esta variación: como Vexámen, en que se pronúncia la x como j. Y Exámen, en que se pronúncia como verdadera x. Y en Chamelóte se pronúncia el cha con el modo usuál Español, y en Patriarcha, como si fuesse K.
Explicar las Partículas Españólas, Pronombres, Preposiciones, Articulos, Conjunctiones, Interjecciones, y el uso de todas ellas.
Especialmente advertir quando las Voces toman art�culo de g�nero impr�prio, para excusar la Cacophon�a, como quando decimos: el Alma santa, el Agua fria, por no decir la Alma, la Agua.
Distinguir los Adverbios de la L�ngua de las otras partes de la oraci�n, y corregir si algun ab�so se hallare del vulgo en ellos.
Observar exactamente la Orthograph�a de las Voces, de suerte que no se obscurezca su primitivo or�gen, desterrando los ab�sos que en contr�rio se hallaren.
Annotar, si la Voz fuere de L�ngua extra�a, Franc�sa, Itali�na, Afric�na, &c.
Quando se hallare venir la Voz de otra L�ngua, no averiguarle de mas arriba su Eymolog�a.
Advertir las ocasiones en que tuviere efecto la duplicaci�n de letras, para la buena pronunciaci�n: como se v� en acci�n, accidente, &c.
Annotar las variedades que se hallaren en el escribir algunas Voces, aprobando la mejor, y desechando las dem�s: como algunos dicen a�ra, y otros ag�ra, y par�ce lo mejor decir ah�ra, advirti�ndolo en los lug�res que les toc�re. Lo mismo se dice del Verbo Volver, que muchas Personas, y todos, � casi todos los Impress�res le comienzan con B, desfigurandole su or�gen. Mas juntamente (atendiendo � excusar las confusi�n en los Lect�res del Diccionario, que ignoraren de donde las Voces se orig�nan, y las huvieren de buscar) se annotar�n segun el uso com�n, � vulgar de escribirlas, en el lugar que les toc�re del Alphab�to; pero remiti�ndolas para su explicaci�n al que deben tener segun su or�gen y Etymolog�a: y assi el exemplo puesto arriba de Volver, se colocar� en la B, por atender al uso com�n, diciendo: Bolver. Vease Volver.
Si alguna Voz se hall�re ser pr�pria solo de la Poes�a, annotarlo tambien: como Tonante, Altinon�nte, Averno, &c.
Lo mismo se advertir� en las Voces, cuyo uso es solamente admitido en el est�lo forense: como Cassar en el sent�do de Annular, � Cancelar.
Prevenir las que se deben evitar por mal sonantes, y explicar los diferentes sent�dos de las equ�vocas.
En las antiquadas substituirles las que oy est�n admitidas con igual sent�do.
Desterrar las Voces nuevas, inventadas sin prudente elecci�n, y restituir las ant�guas, con su propried�d, hermos�ra, y son�do mejor, que las subrogadas: como por inspeccionar, averiguar. Y por Pontificar, Presidir en la Igl�sia Univers�l, calificando de barbarismo dichas Voces nuevas.
La explicaci�n, � definici�n, uso, y phrases de los Verbos, � Voces derivadas, � compuestas, que se ponen seguidas � sus Ra�ces, se reservar�, para d�rselas en el lugar que les toca del riguroso Alphab�to: por ser adonde, quien las huviere menester, naturalmente las ha de buscar de primera inst�ncia, � causa de ignorar, � de no hacer la bastante reflexi�n � que son derivadas, � compuestas de otras Voces simples, � primitivas.
A todas las Voces, Phrases y Prov�rbios, quando estan, y se explican en sus lug�res pr�prios, se les debe a�adir la palabra, � phrase Latina, que les corresponde en aquella acepci�n, por atenci�n � los Extrang�ros: y esto al fin del Art�culo de su explicaci�n.
En quanto � los accentos hay mucho que corregir en el mal uso, si se ha de accentuar con puntualid�d y raz�n. En rig�r no tiene uso el acento grave (que es el que baxa obliquamente de la izquierda � la derecha) sino sobre las quatro vocales �, �, �, �, quando cada una es Voz separada de otras; porque la Ypsilon, que nos sirve de Conjunci�n Castellana, no le tiene, ni le necess�ta. El ag�do (que baxa de la derecha � la izquierda) se debe poner en la última vocál de la dicci�n, quando la pronunciaci�n carga en ella: como Refrán, Arn�s, Perfíl, Am�, y Azúl. Quando la penúltima sylaba fuere larga en Voz de mas de dos sylabas, y no se le siguieren dos consonantes, se le ha de poner el accento agúdo: como Amádo, Aguac�ro, Erguído, Herm�so, y Agúdo. Y no se debe poner en Madrastra, Estrella, Enigma, Assombro, Injusto, ni en los dem�s semejantes. Quando la pen�ltima fuere breve (que es lo que llam�mos en Espa�a Esdr�xulo) se debe poner siempre el accento ag�do en la antepen�ltima: como en C�ntaro, P�same, P�fano, T�rtola, y M�sica. De todo lo qual se colige, que no hemos menester en Espa�a el accento circunflexo para cosa alguna.
La primera vez que una Voz se pusiere en su pr�prio lugar de riguroso Alphab�to, se le pondr� delante un Asterisco, � Estrellica, que al Impress�r haya de significar haverla de poner toda con letras Versales, � May�sculas.
Quando esta misma Voz tuviere diferentes significaciones, � phrases, se ha de repetir otras tantas veces, empezando por ella en Articulos aparte, y ponerle una Cruz, que sirva de se�al de averse de imprimir en Versalillas.
Los Proverbios, � Refr�nes, y los otros modos proverbiales, bastar� que tengan rayada por debaxo la Voz Dominante, que signifique averse de imprimir de cursiva: y el mismo estilo se debe guardar en los Textos de prosa, que se cit�ren de Aut�res, poniendo al fin del Texto en abreviat�ra el Nombre del Aut�r con Versalillas.
Si fuere de Versos el Texto, se podr� rayar por debaxo todo �l, menos la Voz Dominante, para que quede mas distinguida.
El estilo del Diccionario debe ser conciso, y sin divertirse � erudiciones, que no sirvan de adorno � la L�ngua, ni � citas sup�rfluas de Lengua estra�a.
Quando una Voz se pone en su lugar Alphab�tico, segun su escritura, y por tocar � otra parte, se huviere de remitir � ella, ser� siempre con la palabra Vease.
Toda la Obra del Diccionario, repartida entre los singul�res Acad�micos, debe traherse manuscrita � la Acad�mia � media margen, para que se pueda a�adir en su lugar lo que despues ocurriere.
11 De todos los puntos que se controvirtieron, en el que se convino con mayor constancia fu� en confirmar quantas voces se pudiesse, con autoridades de los mej�res Aut�res, sin embargo de la gran dificultad que esta resoluci�n inclu�a: porque hallar en un libro una voz es fort�na que ofrece el ac�so, y muchas veces no consigue el mas aplicado est�dio: y para vencerla en el modo possible, se encargaron los Acad�micos de examinar v�rios Autores cl�sicos, sacando de ellos las autoridades mas dignas de rep�ro, no solo de las voces que les pod�a tocar por raz�n de la combinaci�n que estaba � su cargo, sino es tambien de todas las dem�s: las quales entregadas en la Secretar�a, y repartidas despues entre los Acad�micos (segun la combinaci�n que cada uno trabajaba) servir�a de mucha utilid�d para afianzar la id�a: y ha havido Acad�micos de tanta aplicaci�n en este escabroso est�dio, que han entregado � mill�res las autoridades de Aut�res cl�sicos, y todas �tiles para este adorno. Aun con toda esta provid�ncia obliga la necessid�d � que una, � otra vez falten autoridades para algunas voces: singularmente para aquellas, cuya vulgarid�d las excluye de escritos s�rios, y no ha logrado el cuidado encontrarlas en los de assunto joc�so; sin que por esto sea culpable la Acad�mia, que se reconoce obligada � todo lo que es est�dio; pero no � lo que en tanta parte pende de la conting�ncia.
12 El poner estas autoridades pareci� necess�rio, porque deseando limpiar, purificar, y fijar la l�ngua, es obligaci�n precisa que la Acad�mia califique la voz, y manifieste los m�ritos de su ju�cio: pues con este m�thodo muestra la moderaci�n con que proc�de, y desvanece las inventadas objecciones de querer constitu�rse maestra de la l�ngua: porque calificada la voz por l�mpia, p�ra, cast�za y Espa��la, por medio de su etymolog�a, y autoridades de los Escritores; y al contr�rio, castigada por antiquada, � por joc�sa, inventada, � usada solo en est�lo libre, y no serio: viene � salir al p�blico, con notoried�d de hecho, que la Academia no es maestra, ni maestros los Acad�micos, sino unos Jueces, que con su est�dio han juzgado las voces: y para que no sea libre la sent�ncia, se a�aden los m�ritos de la causa, propuestos en las autoridades que se citan.
13 En este pr�prio assunto ha usado la Acad�mia de la mayor mod�stia, porque � todas las voces express�vas, y propriamente Castellanas no las a�ade calificaci�n, teniendo por inutil la sent�ncia, por estar comprobadas con el mismo hecho de ser usadas de nuestros Aut�res, y solo d� cens�ra � las que por antiquadas, nuevas, sup�rfluas, � b�rbaras la necessitan.
14 En el uso de las autoridades se resolvi� no multiplicar muchas para una voz, porque advertidos de otros Diccionarios se solicit� evitar inconvenientes. En el de la Real Acad�mia Franc�sa se califica la voz sin autorizarla: este es magist�rio de que huye la Acad�mia Espa��la, que d� la sent�ncia; pero la funda, � fin de que quantos la lean conozcan la razon que la assiste: y no obstante, que el de la Crusca multiplica mucho las autoridades, pues hai voz que se califica con treinta, � quarenta Aut�res: se orden�, para evitar esta prolixid�d, que solo se autorizasse cada voz, � phrase con dos, � tres autoridades: pues si es cast�za, y express�va, dos, � tres Aut�res cl�sicos son testigos fidedignos para probar su nobleza, y sino es de tanto realce, dos, � tres testigos conformes bastan para assegurar su naturaleza.
15 En el modo de trabajar el Diccionario (que y� se hav�a empezado entre todos) era dudoso el m�thodo: no se sab�a el que hav�a usado la Crusca; pero por la Hist�ria de M. Peliss�n estaba presente el de la Acad�mia de Francia, en la qual solo trabaj� el Diccionario (no sin alguna Real recompensa) M. de Vaugelas, y despues M. de Mezeray, y los dem�s Acad�micos no ten�an otro encargo, que el de ser Fisc�les y Jueces de lo que estos dos trabajaban. Pero el conocimiento de que, observada esta orden, necessitaba precisamente el Diccionario de un dilatado tiempo para salir � luz, y el exemplo de haver tardado en Francia mas de sesenta a�os hasta empezar � imprimir, exclu�an semejante disposici�n: y aun assustaban � los que empezaban obra tan vasta (especialmente � algunos de edad avanzada) porque siguiendo aquellos passos se privaban del consuelo de v�r la obra, que precisamente les hav�a de alcanzar de dias: fuera de que aplicados todos al trab�jo, cada uno desear�a ser �til, y anhelar�a � contribuir con todas sus fuerzas al com�n. Assi prosigui� la id�a de encomendar � cada uno combinaci�n de la A, segun su siguiente letra, y se orden� por entonces se hiciesse lo mismo en las tres que se siguen B. C. y D.
16 En estos exerc�cios estaba ocupada la Acad�mia, naciendo de s� misma, y cri�ndose � los pechos del zelo del bien p�blico, quando recibi� la not�cia de haverse dignado su Magestad de aprobar su id�a, y honrarla con su Real Protecci�n, favoreciendo � sus indiv�duos con el hon�r de ser sus criados, aprobando tambien en todo sus estat�tos, empressa y sello. Este av�so se tuvo por pap�l de Don Manuel Vadillo y Velasco, Secret�rio entonces del Despacho, dirigido � nuestro Excelentissimo Direct�r, su fecha de Palacio en veinte y tres de Mayo de mil setecientos y catorce: diciendo al mismo tiempo, que la C�dula de confirmaci�n se hav�a de despachar por el Consejo: como se solicit�, hasta el dia tres de Octubre del mismo a�o, en que se logr� esta deseada piedra fundamental de todo este edificio, que le di� princ�pio, siendo corona de la Acad�mia, y es en la forma siguiente.
EL REY. Por quanto haviendo puesto el Marqu�s de Villena en mi Real not�cia, que diferentes Personas de calid�d, y consumada erudici�n en todo g�nero de letras, deseaban trabajar en com�n � cultivar y fijar las voces y vocablos de la l�ngua Castellana en su mayor propried�d, eleg�ncia y pur�za: y que para contribuir � intento tan �til, y loable, avia ofrecido el Marqu�s su casa y Pers�na; pero como era justo que precediesse mi Real agr�do, interessandose tan principalmente en esto el bien p�blico, la gloria de mi Reynado, y hora de la Naci�n, me suplic� el Marqu�s fuesse servido favorecer el deseo de formar una Acad�mia Espa��la debaxo de mi Real Protecci�n, compuesta de veinte y quatro Acad�micos, d�ndola facultad y permisso de ordenar y establecer las Reglas y Constituciones que juzgasse mas pr�prias y convenientes, para lograr el fruto que se prop�ne de poner la l�ngua Castellana en su mayor propriedad y pur�za, y consiguientemente la facultad de elegir del n�mero referido de los Acad�micos un Direct�r, que presida en las Juntas: cuyo empl�o (por las razones de congru�ncia que se han considerado) s�a perp�tuo en el prim�ro que empezare � ocuparle, y despues se elija cada a�o por mayor n�mero de votos. Un Secret�rio para la cust�dia, y buena colocaci�n de los pap�les de la Acad�mia, � sea para imprimirlos, � para conservar en su poder los manuscritos: cuyo cargo convendr� sea perp�tuo, por los inconvenientes que resultar�an de la mudanza de los pap�les, y la varied�d de est�lo en ellos. Que tenga un Impressor pr�prio, con nombramiento, y t�tulo de la Acad�mia, para imprimir las obras pertenecientes � ella, precediendo � la impressi�n la licencia del Cons�jo. Y que assimismo la sea l�cito usar de un sello particular, compuesto de alguna empressa ingeniosa, con el qual se autoricen y conozcan indubitablemente las obras, y dem�s escritos que diman�ren de la Acad�mia, con otras Constituciones y Reglamentos, que miran � el mejor logro de esta utilissima aplicaci�n, segun se refieren en el pap�l que puso el Marqu�s con mayor extensi�n en mis Reales manos. Y como este des�gnio, que ah�ra me representa el Marqu�s, ha sido uno de los principales que conceb� en mi Real �nimo, luego que Dios, la razon, y la just�cia me llamaron � la Cor�na de esta Monarch�a, no haviendo sido possible ponerle en execuci�n entre las continuas inquiet�des de la guerra: he consevado siempre un ardiente des�o de que el tiempo diesse lugar de aplicar todos los medios que puedan conducir al p�blico sossiego, y utilid�d de mis s�btitos, y al mayor lustre de la Naci�n Espa��la. Y como la experiencia universal ha demonstrado ser ciertas se��les de la entera felicid�d de una Monarch�a, quando en ella florecen las Ciencias, y las Artes, ocupando el trono de su mayor estimaci�n. Y como estas se insin�an y persuaden con mayor efic�cia, quando se hallan vestidas y adornadas de la eloq��ncia, y no se puede llegar a la perfecci�n de esta, sin que prim�ro se hayan escogido con sumo est�dio, y desv�lo los vocablos y phrases mas pr�prias, de que han usado los Autores Espa��les de mejor nota, advirtiendo las antiquadas, y notando las b�rbaras, � baxas: de modo, que trabajando la Acad�mia � la formaci�n de un Diccionario Espa��l, con la censura prudente de las voces y modos de hablar, que mer�cen, � no mer�cen admitirse en nuestro Idi�ma, se conocer� con evid�ncia, que la l�ngua Castellana es una de las mejores que oy est�n en uso, y cap�z de tratarse, y aprenderse en ella todas las Arts y Ciencias, como de traducir con igual propried�d y valent�a qualesquiera origin�les, aunque sean Latinos, � Griegos. Y como de intento tan ilustre se orig�na tambien el mas elevado cr�dito de la Naci�n, pues manifiesta el copioso n�mero de sug�tos que adornan esta Monarch�a, insignes en todas letras, y en la professi�n de la eloqü�ncia Espa��la, de que resulta el esplend�r de mis s�bditos, y la mayor gl�ria de mi gobierno. Por estas justissimas consideraciones me ha sido muy agradable esta representaci�n, tan conforme � mi Real �nimo, hecha por el Marqu�s, de establecer la Acad�mia Espa��la: la qual ha de estar immediatamente, con el n�meo y� se�alado de veinte y quatro Acad�micos, debaxo de mi amparo, y Real Protecci�n. Por tanto ordeno, y mando, que el puesto de Director de la referida Acad�mia sea perp�tuo en el prim�ro que ah�ra entr�re � ocuparle, presida en ella, y ordene todo lo que juzgare � prop�sito, para lograr el fin con que se establece; pero el que le sucediere en este honroso empl�o, le ha de ocupar solamente por el esp�cio de un a�o, y despues se ha de elegir entre los Acad�micos, por mayor n�mero de votos secretos. Apruebo el nombramiento de Secret�rio, cuyo encargo ha de servir continuamente por las razones arriba expressadas. Y assimismo concedo facultad y permisso � la Acad�mia, para que tenga Impress�r pr�prio, donde imprima sus escritos, con calid�d que prec�da la licencia del Consejo antes de darlos � la estampa. Teniendo por bien, que use la Acad�mia de su sello particul�r, con el cuerpo, y letra Castellana, que tengo aprobado con mi Real Decreto de quatro de Mayo de este a�o. Y a fin de mostrar mi Real benevol�ncia, y de que se empl�en los Acad�micos, con mas aliento, y continua aplicaci�n al cumplimiento de su instituto, he venido en concederles, como por la presente les concedo, todos los privilegios, gr�cias, prerogativas, immunidades, y exenciones, que gozan los dom�sticos que assisten, y est�n en actu�l serv�cio de mi Real Palacio. Y ord�no, y mando, que les sean todas guardads y cumplidas enteramente, y sin limitaci�n alguna. Fecha en el Pardo � tres de Octubre de mil setecientos y catorce.
17 Animados los Acad�micos con este hon�r, empezaron � poner en execuci�n las Reales �rdenes de su Magestad, dando forma � la Acad�mia, en la que represent� el Marqu�s de Vill�na: Que la elecci�n que se hav�a hecho de su Pers�na para Direct�r, no pod�a ser v�lida: assi por haverse executado antes de tiempo, no haviendose conseguido hasta entonces la Real aprobaci�n, como por haver sido celebrada por aclamaci�n, y mandar su Magestad en los estat�tos, que acababa de confirmar, se hiciesse por votos secr�tos. Y a�adi� su natural mod�stia: Deseaba, y estimar�a se elegiesse otro en el oficio, pues el haver solicitado juntar sug�tos, y ofrecido su casa, le obligaba � continuar con el mayor cuidado este empe�o; pero siendo solo Acad�mico. El resp�to que todos professaban � su Excelencia oblig� � convenir en darle gusto; pero conociendo que la proposici�n inclu�a dos partes: la primera atender � la veneraci�n de su Magestad, y la segunda � excusarse su Excelencia del oficio: se procur� cumplir con ambas, passandose � eleccion form�l por votos secr�tos, y todos, menos el suyo, los tuvo su Excelencia, para el puesto de Direct�r perp�tuo. Con esto huvo de resignarse su plausible moderaci�n, bien que no omiti� explicar: hav�a dado su voto al Doctor Don Juan de Ferreras, en quien juzgaba estar mejor depositado el oficio, que en su Pers�na. Las inst�ncias y ruegos de todos los indiv�duos le precisaron � tomar su assiento de Direct�r, que hasta alli hav�a rehusado, eligiendo el �ltimo, con el pretexto de tenerse las Juntas en su casa. Pass�se luego � la eleccion de Secret�rio, que con la misma uniformid�d se declar� en Don Vicencio Squarzafigo Centuri�n y Arri�la, y tom� tambien possessi�n de su lugar y assiento: y los dem�s Acad�micos hicieron lo mismo, tocando los que les hav�a dado la casualid�d, y tomando los de sus antiguedades, para proceder desde este dia con toda la formalid�d que mandan los estat�tos.
17 Formada y� la Acad�mia, pareci� la primer obligaci�n rendir las debidas gr�cias al Rey nuestro se�or, por las honras recibidas: y se nombraron quatro Comiss�rios, para que en nombre del cuerpo hiciessen la funci�n, siendo el principal su Excelencia (como instrumento de tanta felicid�d) � quien acompa�aron Don Vincencio Squarzafigo, Don Adrian Connink, y el Marqu�s de San Phelipe. Y porque siendo la Acad�mia Espa��la, era justo algun exerc�cio de la l�ngua, se eligi� por todos � su Excelencia, para que formasse dos oraciones, una � su Magestad, y otra al serenissimo Pr�ncipe de Asturias, que trahidas � la Acad�mia, fueron revistas y aprobadas: y haviendo passado � Pal�cio el dia se�alado los quatro Comiss�rios, fueron recibidos con toda formalid�d, saliendo Don Gaspar Gir�n, Mayordomo de sem�na, � recibir, y despedir la Acad�mia, y el Rey nuestro se�or (Dios le guarde) los admiti� con la mayor benignid�d, dignandose de responder estas apreciables cl�usulas: Es mui de mi agrado la Acad�mia, y espero que con ella han de lucir en mis R�inos las Ciencias. Y dando � besar su Real mano, despidi� la Acad�mia, que repetidas veces ha logrado semejante favor en las ocasiones que han ocurrido de enhorabuenas, � p�sames; si bien despues no ha precedido formalid�d, consiguiendo la Acad�mia la honra de entrar � Audi�ncia, como criados de la Casa: y como tal ha tenido, y tiene entrada, lug�r, y assiento en las fiestas Reales que se celebran en el Buen Ret�ro, y Plaza: y quando se ha puesto � los pies de su Magestad ha presentado siempre un exerc�cio de la l�ngua, que por haverse dada � la imprenta en las ocasiones que se han trabajado, no se incorporan aqui.
19 Fenecida esta primera obligaci�n, se dispuso imprimir los estat�tos que su Magestad hav�a aprobado, que son los siguientes.
El modo de recibir los Acad�micos ha de ser dando los pretendientes memori�l � el se�or Direct�r, quien dar� orden al Secret�rio para que le lea en la Junta. Se votar� por votos secr�tos, haviendo precedido una peque�a confer�ncia. Se formar� el decr�to por el Secret�rio, y avisar� al interessado.
El que huviere de ser admitido en la Acad�mia, es necess�rio tenga la mayor parte de votos de los concurrentes: que siendo uno solo, se votar� con bolas blancas y negras; pero si fueren dos los pretendientes � una Plaza, ser�n los votos regulados en la Caxa, que para este efecto usa la Acad�mia, con divisiones, en que se reconocer� el que tiene la mayor parte. Y en el caso de que la Plaza vacante sea una, y los pretendientes mas de dos, no bastar� que alguno tenga mas votos que qualquiera de los otros: pues es necess�rio siempre tenga mas de la mitad, y para este efecto se repetir�n los escrut�nios, votando por los que tuvieren mas votos, en la forma que se practica, y usa en los Cabidlos, y Comunidades Eclesi�sticas, hasta que llege el caso de concurrir en uno la mayor parte de los votos.
Y por quanto el fin de la Acad�mia es, que en los indiv�duos que la comp�nen, concurran siempre las calidades prevenidas: se establ�ce, que si algun Acad�mico llegasse � d�r motivos gravissimos, y que pareciessen � la Acad�mia dignos de ser exclu�dos de su cuerpo, lo haga la Junta, proponi�ndolo el se�or Direct�r, y votando la Acad�mia por votos secr�tos.
Siendo tambien el princip�l obj�to de la Acad�mia, que los miembros que la comp�nen sean �tiles, y aplicados al trab�jo, que es el fin para que se ha establecido: Si alguno se olvidasse tanto de esta obligaci�n, que voluntariamente dexasse de concurrir � las Juntas y encargos que le tocaren, por el esp�cio de un a�o, se d� su Plaza por vacante, y se adm�ta otro en su lug�r.
Atendiendo � que puede suceder que algunos de los Acad�micos necessiten de hacer aus�ncia larga de la Corte, por servicio de su Magestad, � de la causa p�blica, y que en este caso podr�a hacer falta su assist�ncia para los fines de la Acad�mia: y no siendo raz�n que por este mot�vo se les prive del hon�r de ser Acad�micos, sino que se les conserven sus Plazas, para quando puedan volver: podr� la Acad�mia admitir en su lugar otros tantos Supernumer�rios, que los substituyan en el trab�jo: en los quales han de concurrir las mismas calidades establecidas arriba, y han de ser admitidos en la misma forma: pues han de tener opci�n desde luego, por sus antigüedades, � las prim�ras Plazas que vacaren del n�mero. Y en caso de volver los propriet�rios, han de qudar con el voto, y assist�ncia � la Acad�mia, sin mas distinci�n que la de llamarse Supernumr�rios, en interin que entran en Plaza de n�mero.
Siempre que el se�or Direct�r tuviere que proponer � la Acad�mia algun neg�cio, que pida especi�l reflexi�n, lo har� avisar por escrito � los Acad�micos el dia antes de la Junta, para que puedan traher premeditados sus votos.
El puesto de Direct�r de la Acad�mia (atentas las circunst�ncias con que se fund�) ser� perp�tuo en el prim�ro que ah�ra le oc�pa: y despues se elegir� cada a�o por mayor parte de votos.
Tambien tendr� un Secret�rio, cuyo oficio ha de ser recoger los pap�les de la Acad�mia, y colocarlos en el modo mas oport�no: assi por lo que mira � los que se hayan de imprimir, como por los que se hayan de guardar. Y ser� de su obligaci�n recibir, y responder � todas las Cartas de la Acad�mia, de su orden, � en su nombre: presentar todos los memoriales, � peticiones, y poner los decr�tos. Avisar � los Acad�micos lo que el se�or Direct�r le advierte acerca de las Juntas: notar todos los hechos de la Acad�mia, y conservarlos con los dem�s pap�les, lista de Acad�micos, y obras Acad�micas: tomar los votos secr�tos, y resumir los que se d�n en voz: avisar de la muerte, � aus�ncia de los Acad�micos, y d�r noticia de los pretendientes: y leer al comenzar la Junta los hechos de la passada.
Las cartas que ha de escribir el Secret�rio han de ser en Castellano, y selladas con el sello menor de la Acad�mia. Y si fueren � Pa�ses Extrang�ros, que se suponga no entender�n la l�ngua, se enviar� con ellas una traducci�n Latina.
Todas las certificaciones, y despachos que diere, ser�n en l�ngua Castellana, con su firma, y sellados con el sello grande.
El oficio de Secret�rio ser� perp�tuo, por los inconvenientes que traher�a consigo la mudanza de los pap�les, y la varied�d de est�lo en ellos.
Tendr� tambien la Acad�mia un Impressor pr�prio, que cuide de las obras que se hayan de imprimir: y lo ser� por el tiempo que fuere la voluntad de la Acad�mia: y con condici�n de no alterar cosa alguna de lo que se le d� � imprimir; ni imprimir con nombre de Acad�mico, � de la Acad�mia, lo que no tuviere su aprobaci�n. Se le despachar� t�tulo en forma, firmando del se�or Direct�r, refrendado del Secret�rio, y sellado con el sello grande.
Dar�se princ�pio � las Juntas ordin�rias � las quatro de la tarde, desde prim�ro de Octubre, hasta fin de Abril: y desde principio de Mayo, hasta fin de Septiembre, � las cinco: y durar�n por lo menos el esp�cio de tres horas. Y todas se comenzar�n siempre por la Ant�phona: Veni Sancte Spiritus, y la Oraci�n: Actiones nostras, &c. y concluir�n con la de Agimus tibi gratias, &c. las quales dir� el Acad�mico Ecles�astico mas ant�guo de los que se hall�ren: y en caso de no haverlos, el que presidiere, respondi�ndo todo el resto de la Acad�mia.
Para d�r princ�pio � qualquiera Junta, bastar� se hallen siete Acad�micos, incluso el que presidiere: y haviendo este n�mero, y siendo la hora se�alada, se empezar� immediatamente, sin esperar � ningun otro; pero en caso que se haya de tratar alguna mat�ria grave, � ju�cio del se�or Direct�r, se suspender� hata que concurra el n�mero de trece, por lo menos.
El orden que se observar� en los assientos ser�, que el se�or Direct�r ocupe el primer lug�r, y al lado derecho de la mesa el Secret�rio, y al izquierdo el Acad�mico que tuviere obra que leer. Y despues en los assientos que estar�n consecutivos � la mesa, tendr� el prim�ro de mano derecha el Acad�mico mas ant�guo: el segundo ocupar� el correspondiente de la izquierda: y los dem�s alternativamente, segun sus antigüedades, � una, y otra banda.
En caso de que por algun accidente de indisposici�n, aus�ncia, � otro embarazo, sucediere no poder assistir � la Junta el se�or Direct�r, la presidir�, ocupar� su lugar, y tendr� sus veces el Acad�mico mas ant�guo de los que se hallaren presentes. Y si falt�re el Secret�rio, har� su oficio el que el se�or Direct�r, � quien substituyere su empl�o, nombr�re.
Luego que est�n sentados los Acad�micos, leer� el Secret�rio los acuerdos de la Junta antecedente: assi para que sirva de mot�vo para proseguir correlativamente, como para que los que no se hall�ron en ella se instruyan de las mat�rias que se trat�ron.
Fenecido esto, si huvire alguna mat�ria de gobierno, se tratar� de ella, por lo que puede importar no diferir su resoluci�n: como tambien de la admissi�n de algun Acad�mico, segun se dixo en el Cap�tulo segundo, estat�tos segundo, y terc�ro.
Despues de estas prim�ras ocupaciones de la Junta, se passar�n � leer las obras de los Acad�micos, que se huvieren de examinar en ella: lo qual se executar� (en caso de que estos quieran leer su obra) passando � sentarse en el lug�r destinado para ello, en el Estat�to quarto de ste Cap�tulo, y empezar� � leer. Y mientras leyere un art�culo, no se permitir� que alguno le interrumpa; pero conclu�do, har� p�usa, para v�r si hay quien tenga rep�ro: y en caso de que le haya, propondr� el mas moderno lo que se le ofreciere, y assi sucessivamente hasta el que pres�de, sin permitirse tampoco que nadie interrumpa al que vota, � habla, siendo l�cito al que lee responder lo que se le ofreciere en satisfacci�n del rep�ro, despues de haverle o�do enteramente. Si o�dos estos parec�res estuvieren discordes los Acad�micos, se reducir� a votos la mat�ria, y hecha la resoluci�n, se executar� inviolablemente, quitando, a�adiendo, � mudando, all� mismo en el pap�l, lo que la Junta huviere acordado.
Si el Aut�r de la obra no estuviere presente, se le dar� not�cia de los rep�ros puestos por la Junta, para que satisfaga � ellos, y o�da su raz�n se confirme, � alt�re lo resuelto: y conforme � ello se emendar� alli mismo el pap�l.
En las mat�rias que se huvieren de votas se observar� esta distinci�n: que si fuere por votos públicos, empezar� por el mas moderno, y finalizar� en el se�or Direct�r; pero si huvieren de ser votos secretos, se har� lo contr�rio: pues comenzando por el se�r Direct�r, se terminar� en el mas moderno: cuyos votos mostrar� el Secret�rio al se�or Direct�r, y al Acad�mico mas ant�guo, y publicar� la resoluci�n, en caso de haver concurrido la mayor parte de votos; pero si estos estuvaieren iguales, decidir� el se�or Direct�r, en virtud del voto de calid�d que debe tener en todo.
Si algun Acad�mico tuviere que hacer alguna proposici�n, la dir� al se�or Direct�r, para que la proponga � la Junta: � si esta estuviere empezada, y conviene no dilatarlo, le pedir� lic�ncia para hacerla, poniendose en pi�.
Quando se ofreciere haver de hacerse elecci�n de Direct�r, Secret�rio, � Comiss�rios, para qualquier encargo, se har� por votos secr�tos, y bastar� que en alguno concurran mas votos que en qualquier otro: y solo se repetir�n los Escrut�nios, en caso de que los que tuvieren la mayor parte est�n con votos iguales; pero si la elecci�n fuere de oficio de la Acad�mia, no se podr� hacer sino en Junta de trece sug�tos, por lo menos.
La elecci�n de Impress�r de la Acad�mia, se podr� hacer en qualquiera Junta; pero siguiendo la misma formalid�d en los votos.
Si se ofreci�re la ocasi�n de haverse de hallar en la Junta alguno, que no sea Acad�mico, se le dar� el lugar conforme � su calid�d y grado, con esta forma. A los Arzobispos, Obispos, Grandes de Espa�a, y Embaxadores de Cor�nas, se dar� assientos � los lados del se�or Direct�r, � Presidente, fuera del cuerpo de la Acad�mia. Y � los Ab�des, Prelados de Religiones, T�tulos, Enviados, y Caballeros not�rios, en los lug�res immediatos al Dec�no.
Y como las obras de puro ing�nio son regularmente de la jurisdicci�n de la eloqüencia: pues esta mira, no solo � las palabras, sino � los conceptos, se encargar� la Acad�mia de examinar algunas obras de Prosa, y Verso, para proponer, en el juicio que haga de ellas, las reglas que parezcan mas seg�ras para el buen gusto, assi en el pensar, como en el escribir.
Dem�s de esta ocupaci�n, que ha de ser la cont�nua de la Acad�mia, se encargar� cada mes � un Acad�mico, � elecci�n del se�or Direct�r, que escriba sobre el assunto que quisiere, un Discuso en Prosa, � Verso, para leer en la Junta: con la advert�ncia de que no ha de poder extenderse � mas de los que pudiere leer en media hora: y que de los doce que tocan � cada a�o, han de ser algunos sobre assunto sagrado.
Las obras particulares de los Acad�micos, que se escribieren para d�r al público en l�ngua Castellana, se examinar�n (si ellos gust�ren) en la Acad�mia, por lo que mira al est�lo: y no haviendose visto, y aprobado por ella, no se permitir� al Aut�r ponga el t�tulo de Acad�mico, aunque la obra sea solamente la aprobaci�n de un libro, siendo en Castellano; porque si fuesse en otra l�ngua, podr� ponerle sin esta circunst�ncia, respecto de no ser del institúto de la Acad�mia.
Si alguna Pers�na de fuera de la Acad�mia quisiere se vean en ella sus obras, se procurar� excusar, por no distraherse de la ocupaci�n pr�prias; pero si fuere necess�rio verlas, se dir� simplemente, y en pocas palabras, lo que pareciere � la Acad�mia solo de su est�lo, sin hacer censúra form�l.
Atentiendo � que la revision de este g�nero de obras (que podr�n ser dilatadas) distraher�a mucho � la Acad�mia de su fin princip�l: se establ�ce, que el modo de examinarlas sea remiti�ndolas prim�ro � la censúra de tres Acad�micos, que con todo cuidado las examinen, y annoten lo que juzgaren se debe emendar, � informando de todo � la Acad�mia por escrito, se resuelva en la Junta lo que sobre cada rep�ro se debiere executar: y arreglandose enteramente el Aut�r � la decissi�n de la Acad�mia, se le d� la aprobaci�n, por certificaci�n del Secret�rio: lo qual podr� imprimir al princ�pio de la obra, si quisi�re. Y en caso de que el Aut�r no ceda al dict�men de la Junta, de ningun modo se le dar�.
Y vistos, y examinados estos Estatútos por el Direct�r, y Acad�mia Real Espa��la, en este dia, los aprobamos en todo, y por todo, para que se observen de aqui adelante, con la mayor puntualidad, para el buen gobierno de esta Acad�mia, en conformidad de lo resuelto por su Magestad, y expressado en su Real C�dula de tres de Octubre del a�o pr�ximo passado. Y en su virtud assi lo establecemos, firm�mos, y mand�mos sellar con el sello mayor de nuestra Acad�mia, en Madrid � 24. de Enero de 1715.
El Marqu�s de Vill�na, Direct�r.
Don Vincencio Squarzafigo Centuri�n y Arri�la, Acad�mico Secret�rio.
20 Con las novedades referidas se iban agregando algunos sug�tos � los prim�ros, que hav�an sido como fundad�res: y porque ser�a pen�so referir con distinci�n los acuerdos de la Acad�mia, en que se recibieron las Pers�nas que la han compuesto, y comp�nen: pues en doce a�os han sido muchos los admitidos, algunos los que han pagado el tribúto común de los mort�les, y no pocos � los que el serv�cio de su Magestad, � particulares interesses han obligado � hacer ausencia de Madrid, � � freqüentar mui poco la assist�ncia � la Acad�mia: ha parecido mejor poner aqui lista de los Acad�micos recibidos despues de los fundad�res, con not�cia de los dias en que fueron recibidos, y de las ausencias que cada uno ha tenido, que es como se sigue.
Don Adrian Connink, Arcediano y Can�nigo de Salamanca, y Agente Genral de las Igl�sias de Espa�a. Fu� admitido en 16. de Octubre de 1713.
Don Juan de Villademoros Rico y Castrillon, Abad, y Cura pr�prio que fu� de Santa Maria de Dorn�las, y despues de San Adriano de Meder en el Obispado de Tuy. En 13. de Noviembre de 1713. y falleci� en 20. de Abril del a�o de 1723.
Don Vicente Bacall�r y Sanna, Marqu�s de San Phelipe, del Cons�jo de su Magestad, su Caballerizo Mayor en el R�ino de Cerde�a, Gobernador y Reformador de los Cabos de Caller y Galúra, y Alc�ide de la Gran Torre: despues Enviado extraordinario de su Majestad � la República de Genova, y oy Embaxador � la de Holanda. En 23. de Noviembre de 1713.
Don Gonzalo Machado, tercer Presidente que fu� del Consejo de Indias: oy de la C�mara en el mismo Consejo. En 11. de Abril de 1714.
Don Ger�nymo Pardo del Consejo de Hacienda: oy del de Castilla. En el mismo dia. [11. de Abril de 1714.]
Don Mercúrio Lopez Pacheco, Marqu�s de Aguilar de Campoo, Conde de San Esteban de Gorm�z, Capitan de Guardias de Corps Espa��las del Rey nuestro se�or: oy Marqu�s de Vill�na, Duque de Escal�na, Caballero del insigne Orden del Tois�n, Mayordomo Mayor de su Magestad, y Direct�r de la Acad�mia. En 15. de Abril de 1714.
Don Juan Curi�l, Colegial Mayor del Colegio de Cuenca de la Universid�d de Salamanca: oy Caballero del Orden de Calatraba, y Alcalde de gradas de la Ciudad de Sevilla. En 10. de Junio de 1714.
Don Luis Curi�l, Caballero del Orden de Santiago, del Consejo de su Magestad en el Real de Castilla. En 17. de Junio de 1714. y falleci� en 27. de Noviembre de 1724.
Don Manuel de Villegas Pi�at�li, Secret�rio de su Magestad, y de la Capitan�a general del R�ino de Galicia. En 4. de Noviembre de 1714.
Don Pedro Verdúgo de Albornoz y Ursúa, Conde de Torrepalma, Caballero del Orden de Alc�ntara. En 6. de Junio de 1715. y falleci� en el mes de Octubre de 1720.
Don Pedro Scoti de Agoiz, Se�or de las Villas de Sotomontin y Fines: despues Corregidor de la Ciudad de Logro�o. en 19. de Septiembre de 1715.
Don Alonso Rodriguez Casta��n, Caballero del Orden de Alc�ntara, y Colegi�l en el mayor de San Ildephonso de la Universid�d de Alacal�: despues Fiscal de la Real Audi�ncia de Sevilla. En 18. de Marzo de 1717. y falleci� en 6. de Junio de 1725.
Don Joseph de Montealegre y Andrade, Alc�ide pr�prio de las Aduanas de Sevilla: despues Bibliothecario de su Magestad, y Oficial de la Secretar�a de Estado: y oy lo es de la del Despacho universal de Hacienda. En 25. de Julio de 1720.
Don Pedro Manuel de Acebedo, Caballero del Orden de Santiago, Regidor perp�tuo de la Ciudad de S�ria, Sargento Mayor de Caballer�a, y Ayudante general que fu� del Marqu�s de Bay: oy Gobernad�r de la Ciudad de Xer�z de los Caballeros. en 6. de Febrero de 1721.
Don Fernando de Bustillo y Azc�na, Caballero del Orden de Calatraba, y Brigadi�r de los ex�rcitos de su Magestad. En 3. de Abril de 1721.
Don Lorenzo Folch de Card�na, del Consejo de su Magestad, y Alcalde de su Casa y Corte. En 27. de Mayo de 1723.
Don Juan Isidro Ia�ez Faxardo, Caballero del Orden de Calatraba, Gentilhombre de la boca de su Magestad, su Secret�rio con exerc�cio de Decretos en la Secretar�a del Despacho universal de Hacienda, y Regid�r de esta Villa. En el mismo dia. [27. de Mayo de 1723.]
Don Migu�l Per�a, Presbytero, de la Orden de Santiago, Visitad�r General de ella, y Capellan Mayor del Real Consejo de las Ordenes. En 3. de Enero de 1724.
El Doctor Don Thom�s de Montes y Corr�l, Cura pr�prio de la Igl�sia Parrochial de la Villa de la Adrada. Fu� recibido por Acad�mico supernumerario por la ausencia del Marqu�s de San Phelipe en 7. de Enero e 1724. Entr� en Plaza del número en 30. de Noviembre del mismo a�o, en la que vac� por muerte de Don Luis Curi�l.
21 Desde este a�o de mil setecientos y catorce, hasta el de mil setecientos y veinte y tres, fu� prosiguiendo la Acad�mia en sus exerc�cios, juntandose siempre en la Pos�da de su Excelentissimo Direct�r, que la franque� con liberalid�d, y especial gusto. Las Juntas han sido indetectiblemente cada sem�na, por lo general los Jueves, y aunque en algunas ocasiones se ha mudado el dia, por ciertos motivos, ha sido empe�o constante, que no faltasse Junta en la sem�na. En estas se ha tratado unicamente el assunto de la Acad�mia, sin permitir la mas leve digressi�n, aun � mat�rias, � puntos, que por tocar � otras Ciencias pod�an ser de ense�anza: porque empe�ados todos en el obj�to del Diccionario, ha sido com�n empe�o de los assistentes el no perder un punto de tiempo en adelantar su composici�n, y reveer lo que � este fin se hav�a trabajado por cada Acad�mico: haviendo llegado � tanto grado esta constante aplicaci�n, que hizo olvidar el exerc�cio de las oraciones del mes, que los prim�ros a�os se observ� trabajar con rigurosa puntualid�d (las que se guardan en la Secretar�a, para darse al p�blico, donde hallar�n los curiosos diversi�n y ense�anza) porque despues considerando que este exerc�cio, aunque �til y divertido, imped�a el tiempo al Acad�mico, � quien tocaba la composici�n, y embarazaba � la Acad�mia el reveer lo trabajado, se fu� omitiendo por olv�do, � precissi�n, sin haverse echado menos, por atender � lo princip�l: siendo digna de reflexi�n la const�ncia de los Acad�micos assistentes, que (sin otro impulso, que su honra, y el resp�to � la Magestad, debaxo de cuya Protecci�n trabajaba) han concurrido tan puntualmente, que haviendose observado el estat�to de no tener Junta sin siete Acad�micos, ha sido en doce a�os rara la vez que se ha dexado de tener Acad�mia, por faltar este n�mero � componerla.
22 Estas continuadas tar�as llegaron � producir tantos materiales, y copia de combinaciones acabadas en su �ltima perfecci�n, otras, � las quales parec�a por entonces faltarles mui poco para perficionarse, que aumentaron el deseo que ten�an todos de d�r � luz el trab�jo, juzgando se perd�a tiempo en tener ociosa la prensa, que dar�a lugar, mientras c�rria, � que se continuasse sin interrupci�n la obra: porque hall�ndose la Acad�mia abundante de autoridades para las voces, y exercitados los ingenios en el m�thodo de exponerlas, era y� ocassi�n de empezar � imprimir, sin el riesgo de que el Impress�r pudiesse alcanzar en la carr�ra: pues estaban casi dispuestas las prim�ras letras, en que hav�an trabajado todos, unos mucho, y otros lo que sus ocupaciones les hav�a permitido: y � los pocos, que hav�an perseverado constantes en la Acad�mia, no les parec�a trab�jo especi�l el acabar de ordenar las referidas quatro letras, reduci�ndolas � su mayor perfecci�n: y mas haviendo conseguido cada uno componer una, ù dos letras ent�ras de las que se siguen.
La E Don Adrian Connink.
La F Don Vicencio Squarzafigo.
La G Don Juan de Ferr�ras.
La H, y la L Don Fernando de Bustillo.
La I, y la J el Padre Joseph Cas�ni.
La K el Padre Maestro Frai Juan Interi�n de Ayala.
La O Don Manuel de Villegas.
23 Juntas estas � las quatro prim�ras compon�an sin duda mas de la mitad del Diccionario: y assi parec�a justo no dilatar mas el imprimir, considerando lo que tambien se hav�a de tardar en concluir lo que faltaba. Este acuerdo se supon�a conveniente, aun faltando � la Acad�mia todos aquellos que por otras ocupaciones no pod�an ayudar, ni con su assist�ncia, ni con su trab�jo: pues se infer�a con bastante fundamento, que assi como los pocos, que continuaban con tanto zelo, hav�an podido contribuir � todo lo executado, podr�an estos mismos trabajar, y perficionar lo que faltaba, supliendo su aplicaci�n el n�mero de muchos. Sin embargo de esta constante determinaci�n, se repar� en que la falta de medios la hav�a de atrassar mucho, � desvanecer en el todo, porque el gasto de la impressi�n hav�a de ser mui grande, y los Acad�micos, que pod�an contribuir con su volunt�rio trab�jo, sin otro pr�mio, que el de la honra y zelo del bien p�blico, no eran cap�ces de suplir � propias expensas lo que necessitaba una impressi�n tan cost�sa: y no hallaban al�vio al desconsuelo de v�r malogrado su trabajo, no pudiendo salir � luz. En este estrecho acord� la Acad�mia recurrir � la Real magnificencia de su Protector el Rey nuestro se�or: porque havi�ndose dignado su Magestad de manifestar era de su Real agrado la fundaci�n de la Acad�mia, y tambien su continuaci�n (pues repetidas veces se hav�a debido � su Magestad el hon�r de preguntar � su Director el estado del Diccionario) se deb�a esperar de su Real piedad costear�a este gasto, que con menos liberalid�d no pod�a llegar � logro su esperanza.
24 Vi�se bien presto premiada la confianza que se fund� en nuestro soberano Protect�r, pues informado su Magestad de lo prevenido para la impressi�n, y de las dem�s circunst�ncias, que en un breve memori�l se expusieron, se sirvio de condescender liberalmente con la s�plica, expidiendo en veinte y dos de Diciembre del a�o de mil setecientos y veinte [y tres] el Decr�to siguiente:
Considerando de quanta utilid�d y beneficio es � el p�blico lustre y esplend�r � la Naci�n la subsistencia de la Acad�mia Espa��la establecida con mi Real Protecci�n, y atendiendo � las instancias que me ha hecho, � fin de que la dest�ne caud�les para d�r principio � la impressi�n del Diccionario de la l�ngua, que tiene mui adelantado: He venido en se�alarla sesenta mil reales de vellon de renta en cada un a�o, y que se la satisfagan del importe de los dos maravedis mas, que he manadado exigir y cobrar, desde prim�ro de Noviembre de este presente a�o, de cada libra de tab�co de todos g�neros, que se consume en Espa�a, para lo qual se han dado las �rdenes convenientes: y mando que acabada la impressi�n del Diccionario, � la qual destino esta cantid�d, los referidos sesenta mil reales de vellon subsistan y queden por renta annu�l para dotaci�n de la Acad�mia, y quando llegue este caso me har� presente los indiv�duos que la componen, con expressi�n de sus circunst�ncias y graduaciones, para que yo los se��le los sueldos que me pareciere conveniente. Tendrase entendido en la Acad�mia, y se executar� assi. En San Ildephonso � 22. de Diciembre de 1723. Al Marqu�s de Villena. Est� rubricado de su Magestad.
25 Este Real Decr�to perpetu� la Acad�mia, que hasta alli hav�a vivido sustent�ndose de la esperanza, zelo, y resp�to � su Protect�r: y havi�ndose le�do en la Acad�mia, lo primero que se acord� fu� rendir las debidas gr�cias � tan Real Bienhechor, y pedirle licencia de passar al Real S�tio de San Ildephonso � executarlo personalmente, y ponerse � sus Reales pies: y no haviendolo permitido su Magestad, por haver entonces determinado hurtar al mundo todas las ocasiones que se deb�an � su Real m�rito, y apl�uso, se encomend� la oraci�n de gr�cias � Don Lorenzo Folch de Card�na, que vista por la Acad�mia, se remiti� � manos del Marqu�s de Grimaldo, quien la puso en las de su Magestad, y es la siguiente.
SE�OR. La Acad�mia Espa��la, que en otras ocasiones se ha puesto � los Reales pies de V.M. para hacer expressi�n de la verdad�ra alegr�a, � justo dol�r que dominaba sus fieles coraz�nes (segun lo ha persuadido la ocurr�ncia de los neg�cios, pr�speros, � adversos: que en todos igualmente se interessa su amorosa fidelid�d) lo rep�te ah�ra, impel�da de su reverente, justa, reconocida obligaci�n, para d�r � V.M. las mas rendidas gr�cias, por la singular honra que ha merecido � su Real magnanimid�d, dign�ndose de concederla sesenta mil reales de renta para imprimir el Diccionario de la l�ngua Castellana, primer cuidado de su instituci�n: sirvi�ndose tambien de mandar, que fenecida esta utilissima obra, se aplique la misma cantid�d � su dotaci�n.
Negar, Se�or, el beneficio, callarle, no agradecerle, � olvidarle, son quatro esp�cies de ingratit�d en que suelen tropezar los hombres: y est�ma S�neca la �ltima por la mas culpable: fund�ndose aquel gran ju�cio, en que el olv�do desvanece totalmente la esperanza de que pueda tener lugar el agradecimiento.
Mui ag�na est� la Acad�mia de incurrir en ninguna de estas abominaciones, porque confiessa, y publ�ca imponderables los beneficios, gr�cias, honras y mercedes que ha recibido de V.M.
Manten�ase la Acad�mia aplicada (como oy lo est�) � la incessante tar�a de la formaci�n del Diccionario; pero como no sal�a � luz la obra, y la viv�za de los g�nios Espa�oles sea tan extremada, no faltaron algunos que mirassen con impaciencia esta inculpable detenci�n: passando � vaticinar (sin otro fundamento que el de esta involunt�ria tardanza) que toda su aplicaci�n, ser�a tan despreciable, como inutil. La innata pied�d de V.M. ha ocurrido � preservarla de este melanc�lico ju�cio: pues dispensandola medios para d�r al p�blico el Diccionario, acreditar� (quanto lo permitan sus fuerzas) los ardientes deseos con que ha solicitado proporcionarse, � no desmerecer el Patroc�nio que V.M. desde su fundaci�n (fel�z por este inestimable hon�r) fu� servido concederla: y manifestar� ser deliciosa, y �til la fat�ga, que ha empleado su desv�lo, en hacer patente � pr�prios y extra�os, que el Idi�ma Castellano se halla adornado, y enriquecido tanto, de Nombres, Verbos, Adv�rbios, Phrases, Translaciones y conceptos, que no necess�ta del socorro de otro alguno para la mas elevada perfecci�n de su eleg�ncia: pues possee, con abund�ncia maravillosa, todo lo que ha menester, para constituirse en la esph�ra de la mas pura eloqü�ncia.
Nunca pudiera la Acad�mia satisfacer � estas voces cr�ticas (por mas que lo deseasse) ni fuera durable su uni�n, espuesta � los desd�nes de la fort�na, si V.M. (glorioso imitad�r en todo de su invictissimo Avuelo Luis XIV. � todas las luces grande) no la diera el nuevo s�r, que oy la conc�de, sin reparar magn�nimo, en que su perman�ncia corra � cuenta de su Real Er�rio: en cuyo soberano favor afianza, con su mas lustroso desempe�o, competir duraciones con el tiempo.
Comprehende bien la Acad�mia, que al excesso con que V.M. se sirve honrarla, no es cap�z de corresponder; pero su rendido reconocimiento se esfuerza, en el modo possible, � d�r las mas respetosas se�as de su gratit�d: sacrificando gustosissima, en las Aras de la Real soberan�a de V.M. v�ctimas sus corazones, abrasados en las purissimas llamas de su mas acrisolada lealt�d: ofrenda que siempre ha sido bien recibida de los Reyes Christianissimos, y Catholicos, por la parte que tienen de la Deid�d: y que de V.M. ser� mejor admitida, porque siendo tan Catholico, y Christianissimo como todos, le hemos experimentado sus dichosos Vassallos tan suave, tan benigno, y tan amoroso como ninguno. Siempre estar�n presentes en la Acad�mia los beneficios que V.M. la ha dispensado, gravados en los corazones de todos sus indiv�duos, mas durable, por esta razon, su mem�ria, que si se esculpieran en m�rmoles, y bronces: permaneciendo siempre constante, � pesar de las inj�rias del tiempo.
No puede proseguir la Acad�mia en las mal formadas cl�usulas, con que explicaba su profundo agradecimiento, porque repentinamente emmudece, � impulsos de la admiraci�n, del assombro, y del pasmo: y � no haverla socorrido la Divina Provid�ncia con el prontissimo al�vio de convertir los ojos de quantos la componen en copiosos arroyos de l�grymas, sufocados sus leales corazones, con la amarg�ra de noved�d tan impensada, y peregrina, huvieran perdido � manos de su rig�r los �ltimos alientos.
Estos efectos ha producido en la Acad�mia la no imaginable determinaci�n de trocar V.M. la Cor�na, por la soled�d, y las del�cias de Reynar en este mundo, por los cuidados de coronarse en el Reyno immort�l. Y aunque venera la Div�na inspiraci�n de que v� assistido � V.M. (pues sin ella no era practicable un hecho tan glorioso) y sin embargo de dexarnos V.M. una prenda, que por ser viva Imagen suya, esp�raba de ser su �nico consuelo; con todo esso llora justamente el ret�ro de un Monarcha, adornado de toda aquella universalid�d de prendas, que pudo apetecer (y aun idear en su phantas�a) el mas feliz vassallage: y llora con especialid�d la sensible flata de su Real Fundad�r, Protect�r, Patr�n, y Bienhechor.
Tiene presente, que el se�or Emperador Carlos V. Avuelo augustissimo de V.M. renunci� sus R�inos, y que � esta resoluci�n gradu� el mundo por la mayor haza�a de aquel invencible Her�e. Tambien que el Serenissimo Se�or Delph�n, Padre dignissimo de V.M. le cedi� el derecho que ten�a � la sucessis�n de estos dilatados dom�nios, prorumpiendo en aquellas cl�usulas con razon admiradas de quantos las supieron: Mas que el Reynar estimo poder decir, el Rey mi Padre, mi hijo el Rey; pero no pueden estos Reales exemplares (por grandes, y magn�nimos que sean) alegarse por exemplos de la gloriosa acci�n que V.M. acaba de executar: pues el se�or Emperador se hallaba en la edad avanzada de cinquenta y seis a�os, y tan gravado de enfermedades, y achaques habituales, que era mui natur�l en su Ces�rea comprehensi�n anteviesse mui cercano su fin, como sucedi�. Le faltaba, tiempo hav�a, augusta Consorte, que le consolasse en sus aflicciones, le ayudasse en sus fat�gas, y le fuesse fiel consej�ra en los casos dificultosos. Ten�a, no solo hijo varon ensayado en el gobierno de estos R�inos, sino tambien Nieto, y no falt� quien imprimiesse tom� esta resoluci�n cansado del mundo, y de s� pr�prio. El Serenissimo Padre de V.M. (aunque presunto, y dignissimo heredero de tantas Cor�nas) no hav�a gustado lo que era Reynar, ni las adoraciones que acompa�an al Cetro. Con que se puede decir (sin que la temeridad ofenda la grandeza de su Real �nimo) que cedi� lo que aun no hav�a experimentado. Pero V.M. en la edad robusta de quarenta a�os, sin accidentes que le embar�cen manejarse brioso: con la apreciable dignissima compa��a de nuestra amada R�ina (en quien pod�a V.M. descansar la mayor parte de sus cuidados.) Princ�sa en quien desde luego admir�mos, con las perfecciones de la exterior disposici�n, y gentileza, unas virtudes s�lidas, acompa�adas de un agrado magestuoso, de un ju�cio superior, de una suma disercci�n, y con la felicid�d de haver fecundado el Real Th�lamo de su amante esposo con unas prendas hermosissimas. V.M. por espacio de veinte y tres a�os ha sabido lo que es Reynar, y ha recibido los leales cultos, que tan de veras, y con tan extremado am�r le hemos prestado sus vassallos: de que son (� su pesar) buenos testigos los enemigos de V.M. pues en las dos ocasiones que tuvieron osad�a para penetrar el centro de estos R�inos, volvieron llenos de escarmiento, quebrantados y vencidos. Con que se evid�ncia (aunque brevemente) que unos y otros t�rminos son mui distintos de los en que V.M. se hallaba: y sale por leg�tima conseqü�ncia, que la resoluci�n que V.M. ha tomado, est� toda llena de Dios, y que su Div�na miseric�rdia ha dictado � V.M. este generoso, y no usado desaproprio, para premiar sus virtudes, y que de dia en dia vaya athesorando nuevos m�ritos para que le veneremos Santo: para que falten � la fama plumas y clar�nes con que elogiar, y publicar acci�n tan heroica, y magn�nima.
Esto des�a la Acad�mia, y endereza sus votos � que Dios conceda � V.M. una dilatada vida en compa��a de la R�ina nuestra Se�ora, para que, desde su elegido Ret�ro, vean coronada toda su Real posterid�d, y que d� leyes al mundo.
26 Acord�se immediatamente no perder un punto de tiempo en la execuci�n; pero aqui ense�� la experi�ncia aquella maxima tan sabida, que facilita mucho la id�a lo que dificulta la pr�ctica: pues al registrar los pap�les, para ponerlos en l�mpio, y entregarlos al lmpress�r, se hall�, que siendo mui facil desde la E en adelante; en las primeras quatro letras era impracticable, porque compuestas por todos, y algunas de sus combinaciones trabajadas por aquellos, que haviendo empezado con ferv�r, no hav�an proseguido con el mismo, no estaban en aquel ordenado m�thodo que se deseaba. Adem�s, que como ninguno (aun el mas aplicado) ten�a � los princ�pios impressa en la imaginaci�n la regla que hav�a de observar, y estos pap�les fueron los prim�ros que se compusieron, se encontraron tan desiguales como los pulsos, � g�nios de cada indiv�duo: pues unos estaban demasiadamente conc�sos; otros con pesad�z dif�sos; en algunos desabr�a la multitud de autoridades,y en otros ni una se hallaba: las correspondencias Latinas las ten�an pocos, y las etymolog�as estaban olvidadas en muchos. Con que juntos estos pap�les con otros sueltos de autoridades, que se encontraron, se reconoc�a en estas quatro letras un thes�ro de autoriades; pero sin bastante disposici�n que les diesse forma. A este inconveniente (que era el mayor, por ser estas quatro letras las primeras que se hav�an de imprimir, y las que hav�an de manifestar como �ndice el resto de la obra, y por donde el p�blico podr�a hacer ju�cio del trab�jo de la Acad�mia en once a�os) se procur� ocurrir, resolviendo que Don Manuel de Villegas, y Don Fernando de Bustillo (cuyas tar�as hav�an merecido siempre la aprobaci�n de la Acad�mia) se encargassen de todos estos materi�les, y los reduxessen � un m�thodo igu�l: y que este trab�jo passasse luego � Don Adrian Connink, y Don Lorenzo Folch de Card�na, que con t�tulo de revissores le examinassen, por evitar el peligro, que suele suceder, de que la equivocaci�n tome visos de verd�d.Y para que la execuci�n fuesse mas breve, se les orden� descuidassen de las correspond�ncias Latinas, que se encargaron � la aplicaci�n, erudici�n, y buenas letras del Padre Maestro Frai Juan Interi�n de Ay�la. Determin�se tambien, que la Acad�mia se juntasse dos tardes cada sem�na, para resolver en ella todas las dudas que entre los quatro referidos pod�an ofrecerse: lo que se execut� por el tiempo que fu� preciso, para d�r materi�l � la prensa.
27 Para proceder con fundamento, se nombr� por Thesorero � Don Vincencio Squarzafigo, y tambien se le encarg� el cuidado de la imprenta, y provisi�n del pap�l: quedando al mismo tiempo nombrados Contadores Don Manuel de Villegas, y Don Juan Isidro Faxardo, para que llevassen la cuenta y razon de los gastos que se ofreciessen. Y deseando trabajar � muchas manos, se nombraron sug�tos que formassen los discursos proemiales, que se hav�a acordado poner por erudici�n al princ�pio del Diccionario, quedando elegidos Don Lorenzo Folch de Card�na para escribir la Dedicat�ria. El Padre Joseph Cas�ni, de la Compa��a de Jesus, para formar la Hist�ria de la Acad�mia. El Doctor Don Juan de Ferreras para la de la l�ngua Castellana. El Padre Joseph Cas�ni para formar un disurso, y reglas de hallar las etymolog�as. Don Adrian Connink para formar un discurso, y reglas de Orthograph�a. Y Don Juan Isidro Faxardo para formar el Pr�logo. A estos encargos satisfacieron todos con aprobaci�n de la Acad�mia, como tambien los compositores, y revissores de las quatro prim�ras letras, que empezaron luego � trabajar lo que estaba � su cargo, sin embargo de las dificultades que se les ofrecieron: pues al resolver los pap�les se reconoci�, que las combinaciones entregadas, que se cre�an acabadas, estaban en la realid�d tan imperfectas, que no hav�an llegado � la mit�d del estado en que deb�an ponerse: lo que hac�a argüir con una mor�l certidumbre, que aun a�adidas y trabajadas de forma, que parec�a quedar perfectas, se deb�a temer estuviessen mui defectuosas: porque es natur�l, que assi como al princ�pio pareci� estar lleno el assunto, y con el tiempo, y est�dio se ha conocido dimin�to: assi tambien, aunque ah�ra parezca abundante, se puede recelar salga este tomo falto de muchas voces, que no han ocurrido, y se pueden ofrecer con el tiempo, assi � los Acad�micos, como � los que con algun cuidado leyeren el Diccionario por diversi�n, curiosid�d, � otros v�rios fines.
28 No embaraz� este inconveniente � proseguir lo empezado, porque se consider� escollo inevitable, que no pod�a excusar la dilaci�n, ni suplir el est�dio: dict�men, que ha ense�ado la experi�ncia en quantos c�lebres Diccionarios logramos oy perfectos, pues la Acad�mia de la Crusca sac� su Diccionario en un tomo, poco mas que mediano: y en la segunda impressi�n di� � luz dos tomos grandes, y uno men�r, compuesto de varias curiosidades pertenecientes � la l�ngua Tosc�na. El de la Acad�mia Francesa confundi� con su abund�ncia los antecedentes, que con apl�uso hav�an sacado v�rios Aut�res, y y� le hace sombra el posterior de Trevoux. El celebrado hist�rico de Mor�ri se lee en cinco, � seis tomos de � folio, quando el prim�ro, que tanto cr�dito di� � su Aut�r, sali� de su mano en dos tomos de � quarto. Con que, atendida la experi�ncia, este accidente es propried�d de todo Diccionario, y la halla el discurso su fundamento: porque como las obras de los Diccionarios no sean de aquellas en que puede apurarse la mat�ria, por no depender tanto del entendimiento, quanto de la mem�ria, que es la que exc�ta las esp�cies, siendo quien las prod�ce una pot�ncia fr�gil: es en ella tan natur�l la inadvert�ncia, � el olv�do, que no es possible sacar estas obras con su �ltima perfecci�n, sin que despues se rev�an, limen, y a�adan � expensas del af�n de una, y otra prensa.
29 A�adese � lo referido otra circunst�ncia, que atendida sirve tambien de exc�sa. Esta es, que las obras por mas que se rev�an manuscritas, para emendarlas no se consigue el intento con tanta perfecci�n, como vistas y examinadas despues de impressas: porque la mayor atenci�n es preciso se divierta en la dificultad e leer lo manuscrito; al contr�rio de lo impresso, que como es clara su lect�ra, solo se apl�ca en ella el cuidado para la correcci�n, � la cr�tica: y assi es mas facil de corregir y emendar lo impresso, que lo manuscrito. Por cuyas raz�nes, suponiendo que el defecto que puedan tener algunas voces, � phrases es com�n de todo Diccionario la primer vez que sale al p�blico, se determin� proseguir la id�a, y empezar � imprimir, cerrando los ojos � este inconveniente: � que solo se puede satisfacer en la segunda impressi�n, con lo que av�se la advert�ncia de los Acad�micos, � note la curiosid�d de los erud�tos.
30 Los Acad�micos prosiguieron en sus tar�as, hasta conseguir d�r princ�pio � la impressi�n por el mes de Octubre de mil setecientos y veinte y quatro: lo que no pudieron antes, por tenerlos parados la falta del papel: que no solo en nuestros R�inos estaba esc�so, sino tambien en la general f�brica de G�nova, donde fu� preciso aguardar se trabajasse, por no haver fabricada la porci�n que era menester. Desde este tiempo no ha cessado la prensa, ni parado el curso de sus cont�nuas vueltas. Pero quando esta N�o (que se hav�a mantenido en bonanza, aun en la ocasi�n que la calma era desesperada tormenta) iba viento en popa arribando y� al Puerto de sus des�os al tiempo de estarse imprimiendo el pliego ciento y veinte y ocho, la assalt� el mas riguroso Cierzo, en el funesto accidente que la sobrevino el dia veinte y nueve de Junio del a�o de mil setecientos y veinte y cinco, con la falta de su prim�r Fundad�r, y Director. Verdaderamente se conoci� aqui quanta alma daba su Excelencia � la Acad�mia: pues aquel cuerpo, � quien no hav�a rendido el immenso trab�jo: � quien no hav�a desesperado la impossibilid�d de sacar � luz sus fat�gas, por falta de medios: � quien no hav�an aturdido las voces vagas, que contra �l hav�an esparcido los hurac�nes: � quien no hav�an batido los tiros, que desmandados hav�an arrojado la emulaci�n, � la ociosid�d: solo este golpe le hiri�, y penetr� el coraz�n de forma, que dex� � sus indiv�duos tan assustados, divididos, balbucientes, y at�nitos, que casi verificaban el Divino Or�culo: Herir� el pastor, y se descarriar�n la ov�jas. Cada uno falto de cons�jo, le buscaba en su afligido compa�ero: y � no haverles mantenido la esperanza, que deb�an tener en su Soberano, y Real Protect�r, se huviera deshecho, sin duda alguna, por s� misma la Acad�mia; pero alentados con este �nico consuelo, encontaron el medio de juntarse � hablar; y� que el dol�r no les permit�a discurrir.
31 Congregados, pues, en la Pos�da de Don Adrian Connink, que se eligi� por la conveni�ncia del s�tio: lo prim�ro que se acord� (para d�r algun desahogo � la pena, y alguna muestra de am�r) fu�, que � costa de los que alli concurrieron, y eran los cont�nuos de la Acad�mia, se hiciessen unas honras p�blicas, con todo aquel lucimiento que cupiesse dentro de los t�rminos prescritos por la Pragm�tica: eligiendo para esta funci�n la Igl�sia de Santa Maria, por haver sido Parr�chia del difunto,y en la que tanto hav�a edificado en vida: y por Orad�r para la Oraci�n f�nebre, se nombr� al Padre Maestro Frai Juan Interi�n de Ay�la, se�alando por Comissarios, para las disposiciones que se hav�an de d�r, � Don Vincencio Squarzafigo, Don Manuel de Villegas, y Don Lorenzo Folch de Card�na. Acord�se tambien,que en una de las prim�ras Acad�mias se leyesse, como exerc�cio Acad�mico, un el�gio, � panegyrico de la vida del difunto, eligiendo al Padre Joseph Cas�ni que le trabajasse. Haviendose cumplido en la forma possible con las obligaciones del am�r y resp�to debidas al difunto, se trat� de darle digno sucessor: y considerando que la falta que se lloraba era imponderable, solo se encontraba la pudiesse suplir el Excelentissimo se�or Don Merc�rio Lopez Pacheco, nuevo Marqu�s de Vill�na, hijo, y heredero, no solo de los Estados, sino tambien de las prendas del primer Direct�r, y que era Acad�mico desde el a�o de mil setecientos y catorce: y pass�ndose � la elecci�n, concurrieron en ella todos los votos, y se determin�, que los quatro mas ant�guos, que alli se hallaban, fuessen Comissarios, para manifestar � su Excelencia el dol�r que assit�a � los Acad�micos en la muerte de su Excelentissimo Padre, y el des�o que ten�an de que tomasse � cargo el puesto de Direct�r, en que hav�a sido elegido. Lo que oy� su Excelencia benignamente, aceptando el empl�o, y ofreciendo su Pos�da para las Juntas, como hasta alli la hav�a tenido la Acad�mia: con que logra este cuerpo vivir con cabeza, que dignamente le gobierne.
32 Segun lo decretado en esta Junta, se celebraron las honras el dia trece de Agosto del mismo a�o de mil setecientos y veinte y cinco: cuya relaci�n se di� � luz con el Serm�n que predic� el Padre Maestro Frai Juan Interi�n de Ayala, y el el�gio que escribio el Padre Joseph Cas�ni.
33 Prosige la Acad�mia sus tar�as esperando no cessar� la prensa, y que solo se dilatar� el acabar de salir todo el Diccionario el tiempo que sea necess�rio para tirar el pap�l.