P�ginas | ||
Dos Palabras | 5 | |
I. | Los Cervantes de Talavera | 7 |
Otras familias del mismo apellido | ||
El licenciado Juan de Cervantes en Sevilla y C�rdoba | ||
Los Torreblancas | ||
Los Cervantes de Alcal� | ||
Vuelta a Andalucia | ||
II. | El licenciado Juan en Guadalajara | 23 |
Su familia | ||
Do�a Mar�a de Cervantes | ||
El arcediano D. Mart�n | ||
Una obligaci�n interesante | ||
Sus resultados | ||
Un pleito delicado | ||
Comentarios | ||
III. | La familia en Alcal� | 63 |
El bachiller Serrano | ||
Rodrigo de Cervantes a Valladolid | ||
Magdalena de Cervantes | ||
Deudas y apuros | ||
Lope de Rueda | ||
IV. | Siguen los viajes | 83 |
Fray Juan Gil | ||
Una manda para redenci�n de cautivos | ||
La Galatea | ||
Los poetas de Valladolid | ||
Do�a Catalina de Salazar | ||
Sus antecesores | ||
V. | Felipe III en Valladolid | 123 |
Cervantes en la Corte | ||
Felipe el de Valdestillas | ||
La casa del Rastro | ||
Traslado de la familia Garibay | ||
Los amigos de Cervantes | ||
Reimpresiones furtivas del Quijote | ||
Cervantes trabaja |
El tercer centenario de la muerte de Cervantes, que tan cerca está, hará que la fructífera diligencia de literatos y eruditos aporte nuevos datos, ya a la biografía, ya al conocimiento crítico del gran español. Nótase doquiera, por dicha, una plausible actividad en la preparación de actos que solemnicen aquel centenario, y a buen seguro que de todo ello, pasadas las ceremonias puramente conmemorativas, quedará un sedimento de materia utilizable que se incorpore al acervo de nuestra historia literaria.
Para contribuir modestamente a esa obra en que todos estamos interesados, danse en el presente libro diferentes y variadas noticias cervantinas. Desmañadamente agrupadas y sin arte expuestas han de parecer al lector; pero al cabo todas son nuevas y ofrecen, como quiera que se las presente, un interés positivo.
Casos cervantinos que tocan a Valladolid se titula el libro. Justifica este título la circunstancia de que los hechos aquí referidos, o bien ocurrieron en Valladolid, o bien quedaran consignados en documentos que en los archivos vallisoletanos se conservan.
Fué en un tiempo achaque de todos los biógrafos asignar a sus héroes abolengos ilustres, para lo cual no reparaban en amañar un frondosísimo árbol genealógico que, partiendo de Noé, o cuando menos del Cid o Fernán González, ostentaba en sus ramas el nombre de los más insignes españoles en las armas y en las letras, y se coronaba dignamente con el de la persona a quien se trataba de enaltecer. No podía Cervantes ser una excepción a esta regla, y así no faltó quien le buscase fabulosa progenie.
Los trabajos de investigación van demostrando, sin embargo, que no erraban del todo los que vieron en la familia de Cervantes asomos de nobleza. No es que procediera precisamente de Nuño Alfonso; pero estaba muy lejos de figurar entre las que llenaban los padrones de pecheros. Sus individuos fueron desde luego hijosdalgo, y alguno de ellos disfrutó de altos cargos y prerrogativas.
Don Julio Sigüenza, en un artículo muy maltratado (1), afirmó que el autor del Quijote descendía de los Cervantes de Talavera. Nadie dió crédito a esta especie, por tenerse aquel artículo como un tejido de patrañas; pero como, según ya veremos, el artículo de referencia es en lo esencial verídico, aunque contenga errores de detalle, y como indudablemente Sigüenza manejó documentos interesantes--de algunos de los cuales he encontrado el original--, yo creo, mientras no se demuestre lo contrario, que aquella noticia se debe tener como cierta, y que en Talavera--la mejor tierra de Castilla, como se dice en el Persiles y Sigismunda--, estaba el solar de Miguel de Cervantes.
No puedo dar, sin embargo, con el entronque. La más importante rama de los Cervantes talaveranos es, si no me equivoco, la del Comendador Pedro de Cervantes, el cual por los años de 1490 era regidor de la villa. Casado el Comendador Cervantes con doña Isabel de Loaysa, tenía los siguientes hijos: Garci Jofre de Loaysa, que fué el mayor; Frey Gonzalo Gómez de Cervantes, senescal de la Orden de San Juan, comendador de las encomiendas de la Higuera, Cerecinos y Salamanca (2); Rui Díaz de Cervantes, chantre y canónigo de Talavera, y el licenciado Iñigo López de Cervantes. De éstos, Garci Jofre de Loaysa estuvo casado con doña Magdalena de Zúñiga, hija de doña Inés de Sotomayor, vecina de Toledo, de la cual tuvo tres hijos, que fueron Alvaro de Cervantes, Gonzalo de Cervantes y doña Elvira de Zúñiga; el licenciado López de Cervantes casó con doña Catalina Carrillo, y tuvo de ella cinco hijos, que se llamaron Don Fernando de Cervantes, doña Teresa Carrillo, doña Isabel de Loaysa, doña Magdalena de Cervantes y doña Ana de Cervantes, "monjas profesas que son las últimas dos de los monasterios de San Benito y la Madre de Dios de Talavera" (3).
Como puede observarse, ahí se barajan nombres y apellidos que en los anales cervantinos juegan importante papel. Mas entre la multitud de Cervantes que han sacado a colación los genealogistas, y cuyos nombres coinciden muchas veces, aventurado sería buscar relaciones que hoy permanecen obscuras, aunque, según parece lógico, no tardarán en aclararse.
Se preguntará tal vez que, si es cierta la afirmación de D. Julio Sigüenza, según la cual corresponde a Talavera el origen de Cervantes, cómo pudo incurrir aquel señor en la inexactitud, hoy patentizada, de llamar D. Nicolás de Cervantes al bisabuelo de Miguel. A esto contestaré que el hecho se explica solamente por la concurrencia de pormenores equivocados que, con un fondo de verdad, suelen ofrecer los escritos del Sr. Sigüenza. Acaso no fuera éste un perfecto paleógrafo e hiciera lecturas torcidas; acaso no ordenara debidamente los apuntes y de ello resultara confusión en los datos. Lo cierto es que habiendo dicho cosas interesantes y nuevas, y disponiendo de notables documentos, deslució su labor con esos incomprensibles errores de detalle. Uno de ellos pudiera ser, ciertamente, el de buscar en Talavera la ascendencia de Cervantes; pero ni eran de tal índole los que solía acometer, ni debe presumirse que sin serio fundamento lanzase una afirmación por el estilo. No asevero la certeza de la noticia; digo simplemente que hasta la fecha no hay pruebas en contrario, y que de igual modo que han resultado verídicas otras noticias dadas por Sigüenza, como las relativas a la hija de Cervantes, a su abuelo el licenciado Juan y a otros particulares muy importantes de que luego hablaremos, debe suponerse que ésta también lo sea.
Por de pronto, es lo cierto que en la familia talaverana de los Cervantes a que antes me refería, hubo algún individuo que se llamó don Nicolás. Tal fué un hijo de Alvaro Cervantes y Loaysa, nieto de Garci Jofre de Loaysa, y casado con doña María Duque de Toledo, perteneciente a la familia de los Duque de Estrada (4). Éste don Nicolás fué coetáneo de Cervantes; pero dada la repetición de nombres en las familias, entonces como hoy, y aún más que hoy frecuente, ¿no pudo haber otro del mismo nombre que figurase entre los ascendientes del Príncipe de los Ingenios?
A la misma rama pertenecieron probablemente otros Cervantes de Cogolludo y Borox. Diego de Cervantes, vecino de la primera de estas villas, por los años 1550, tuvo cuatro hijos cuyos nombres eran Cristóbal, Juan, el licenciado Gonzalo y Pedro. Cristóbal quedó viviendo en Cogolludo; Juan marchó de mozo a Madrid, en servicio de D. Fernado de la Cerda, y allí permaneció hasta que diez años después pasó a vivir alternativamente en Borox y en la Casa de Campo de Aranjuez (5); con un hijo de D. Fernando de la Cerda marchó el licenciado Gonzalo a Salamanca, después de lo cual vivió en Brihuega y fué corregidor de la Puente del Arzobispo; Pedro se embarcó siendo joven para las Indias, y se estableció en Zacatecas (6).
Pero el apellido Cervantes existía en Valladolid y en Medina del Campo, en Sevilla y en Córdoba y en Jerez, en Toledo y en Torrijos, en Trujillo y en Palacios Rubios y en Leiva y en cien lugares más. No tratemos, pues, de buscar enlaces que seguramente nos inducirían a error.
Admitida provisionalmente la afirmación de Sigüenza, es preciso admitir también que entre los Cervantes de Talavera hubo algunos--los ascendientes de Miguel--que se trasladaron a Sevilla, ya que antes de 1488 consta su estancia en la ciudad del Betis. Y en este punto la cuestión, se ocurre naturalmente que a mediados del siglo XV era Arzobispo de Sevilla Don Juan de Cervantes, y que muy bien pudo suceder que aquéllos, siendo deudos suyos, buscasen a su lado protección u honores. Recuérdese que aún anda en litigio la patria del Arzobispo Cervantes, y que mientras unos le hacen natural de Galicia, otros creen que nació en Lora o en Sevilla. Tal vez lo cierto sea que vió la luz en Talavera (7).
Y nótese también que pocos años después ocupó la silla arzobispal de Sevilla D. Fray García de Loaysa, natural de Talavera, hijo de Pedro de Loaysa y de doña Catalina de Mendoza. Casualidad será; pero es a lo menos curiosa y digna de tenerse en cuenta.
A Sevilla corresponde, si no engañan las presunciones, la más antigua noticia de los ascendientes de Miguel; porque en el pleito seguido por el padre de éste contra Gregorio Romano, existente en el archivo de la Chancillería de Valladolid (8), pregúntase a los testigos si tienen noticia, por haber residido en ellos la familia, "de los lugares, villas e ciudades de alcalá, guadalajara, cordoba e sevilla". Como consta que en las tres primeras de estas poblaciones vivió la familia por el orden inverso de su enumeración, parece lógico inferir que citaron la última aquélla en que primeramente habían vivido.
De los Cervantes quedó en Sevilla huella profunda. Precisamente una sobrina del Cardenal Cervantes, doña Juana de Ayala, fundó el convento de Nuestra Señora del Socorro, en el cual profesaron luego otras señoras del mismo linaje. También las hubo en el monasterio de Santa María de las Dueñas y en el de Santa Paula, del cual fué abadesa Juana de Cervantes Saavedra (9).
De los Saavedras de Sevilla pudieron tomar este apellido, ciertamente, Miguel de Cervantes y otros individuos de su familia, como creyó Méndez de Silva y con gran copia de razones sostiene el señor Aurioles; mas no debe olvidarse que también hubo Saavedras en la Mancha y aun en el mismo Talavera (10).
Desde Sevilla, indudablemente, se trasladaron a Córdoba los antepasados del Príncipe de los Ingenios. Su bisabuelo, el bachiller Rodrigo de Cervantes, de cuyo nombre y condición dió la primera noticia el pleito de Gregorio Romano, a que antes hice alusión, hallábase en la ciudad de los Califas en 1488, según lo demuestran documentos descubiertos por el Sr. Rodrígez Marín (11).
Ese mismo pleito nos da a entender que en Córdoba casó el bachiller Rodrigo con doña Catalina de Cabrera; que allí nació probablemente el licenciado Juan y allí celebró éste su matrimonio con doña Leonor de Torreblanca.
Era el de los Torreblancas un linaje de ilustre prosapia en Córdoba. A los datos insertos en el Nobiliario de Córdoba, manuscrito en la Biblioteca Nacional, y que el Sr. Aurioles traslada a su folleto Cervantes en Córdoba, puede añadirse que el comendador Lope de Torreblanca estuvo casado con Beatriz Gutiérrez, la cual en 1488, muerto su marido, sostuvo pleito con su hijo Jerónimo sobre el caudal hereditario (12).
A la familia de Miguel pertenecían también, sin duda, Gonzalo de Cervantes y sus hijos, trasladados de Granada a Córdoba. Así lo piensan los Sres. Rodríguez Marín, Aurioles y Ramírez de Arellano, que han suministrado acerca de ellos interesantes noticias, y así lo manifiesta, entre otros indicios, el que reunieran los apellidos Cervantes, Saavedra y Sotomayor. Gonzalo de Cervantes Saaverdra, elogiado en el Canto de Caliope, y el Veinticuatro de Córdoba Don Gonzalo de Saavedra y Torreblanca, autor de la novela Los pastores del Betis, figuraron entre sus individuos; si es que no se trata de una sola persona que adquirió el don y sustituyó uno por otro los apellidos de familia (13).
Hacia 1505, más bien antes que después, casó el licenciado Juan de Cervantes con doña Leonor de Torreblanca. Por entonces hubo de trasladarse a Alcalá de Henares, villa en la cual nació su hijo Rodrigo, según consta por el repetido pleito de Gregorio Romano (14). Es este un nuevo dato para restituir a D. Julio Sigüenza el crédito que se le negaba. Dijo este señor, en el consabido artículo de La Ilustración Española y Americana, que el licenciado Juan de Cervantes fué corregidor de Alcalá de Henares en 1509: todos le tacharon de trapacero, o de embrollón a lo menos, suponiendo que había confundido al licenciado Juan con D. Pedro Cervantes, aludido por Navarrete. Pero aparece ahora el testimonio de Rodrigo de Cervantes, que nos dice ser "natural de Alcalá de Henares"; y como su nacimiento corresponde aproximadamente a los años de 1508, resulta que por entonces estaban en Alcalá sus padres, y que la noticia de Sigüenza tiene todos los caracteres de verdad.
Breve, sin embargo, debió de ser su estancia en aquella villa, puesto que en 1511--si no se trata de otro licenciado Juan de Cervantes--, le vemos figurar como testigo en varios documentos (15). Después de esto, como dice Rodríguez Marín, "comenzó una larga serie de mudanzas de vecindad, que duró más de treinta años, hasta el de 1550, uno más o menos". En 1516 le vemos de alcalde mayor interino en Códoba; en 1523, de teniente de corregidor en Cuenca, en 1528...
Pero esto de 1528 merece capítulo aparte.
(1) La Ilustración Española y Americana, 22 Septiembre 1887.
(2) Fué nombrado comendador en 1523, en virtud de licencia y facultad expedida por el Reverendísimo y gran Maestro de Rodas don Frey Felipe de Villers.
Un pleito sostuvo el comendador Cervantes en 1547, por el cual conocemos hechos de gran curiosidad. Embarcado en una expedición contra los turcos, hizo cautivas a varias niñas, que desde Malta envió a su hermano Garci Jogre de Loaysa. Pasados catorce años, una de ellas, a la que había bautizado con el nombre de Lucrecia, negó ser esclava suya, y entonces surgió el pleito, en el cual el comendador presentó un interrogatorio de testigos, que contenía, entre otras, estas preguntas:
"IJ yten si saben, creen, vieron e oyeron dezir que avrá catorze años poco mas o menos que el dicho señor senescal yendo por capitan de una galera de la dicha orden de señor san juan e a pelear y a guerrear con los turcos enemygos de nuestra santa fee católica, que fué cuando se ganó la cibdad de carron ques en la morea, ganó e cativó a la dicha lucreçia ximenez, y este tiempo y sazón la dicha lucreçia hera de edad de dos años y medio poco más o menos e juntamente con la dicha lucreçia cativó a su padre de la dicha lucreçia, e ansy ganada e cativada la tuvo y a tenydo y poseydo por su esclava cativa la qual ganó el dicho senescal en la dicha morea.
IIJ yten si saben que al tiempo que el dicho señor senescal ganó a la dicha lucreçia la susodicha hera turca e de linaje de turcos enemygos de nuestra santa fee católica, y ansy mismo ganó otra hermana suya la qual cupo a vn criado del dicho senescal y la vendió por ochenta ducados, la qual dicha lucreçia, como fué ganada e la ganó el dicho señor senescal, la hizo bavtizar y se bavtizó en la cibdad de meçina ques en la ysla de çiçilia y la pusieron nombre de xpiana y la llamaron lucreçia y sienpre fué tenida y avida por esclava cativa e como tal esclava cativa la tuvo y poseyó el dicho señor senescal y por tal suya esclava cativa es avida e tenida e comunmente reputada.
IIIJ yten si saben, etc. que el dicho señor senescal usando de la dicha lucreçia su esclava y cativa envió con otras tres esclavas que el dicho señor senescal envió a españa al señor garci jufre de loaysa su hermano, e que el dicho señor garci jufre de loaysa su hermano las puso y repartió en çiertos particulares ansy vezinos desta villa como vezinos de la dicha cibdad de toledo, el qual puso en guarda a la dicha lucreçia esclava en casa de beatriz despejo y de martín de soria su marido hasta que el dicho señor senescal viniese."
Hacía constar luego el comendador Cervantes que, al regresar a España y alojarse en casa del señor Mateo Vázquez de Ludeña, regidor de Toledo (casado con doña Isabel de Leyba), se presentó a él Lucrecia, declarándose como tal esclava.
Como testigos presentados por el comendador, declararon, entre otros, sus hermanos Garci Jofre de Loaysa y Alvaro Cervantes, que tenían, respectivamente, veintiocho y veinte años, y el comendador Rodrigo de Paz, vecino de Horcajada, lugarteniente que era en la galera mandada por aquél. También declararon las otras esclavas, las cuales dijeron que desde su cautiverio hasta su regreso a España, con desembarco en Cartagena, habían pasado cinco años y dos meses.
Lucrecia Jiménez, y su curador Rodrigo de Salamanca en su nombre, sostuvo que nunca había sido esclava, porque desde dos años vivía con Martín de Soria, "a quien la encomendó y dió a criar por tal libre un cavallero su padre, el qual es difunto". En el pleito recayó sentencia favorable al comendador Cervantes.
(Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, Pérez Alonso. Fenecidos, envoltorio 179.)
(3) Tomo estos datos de varios pleitos sostenidos por esta familia, y en especialde los siguientes:
De D. Fernando de Cervantes con D. Pedro de Meneses y Alvaro de Cervantes. (Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, Zarandona. Fenecidos, envoltorio 209.)
De D. Fernando de Cervantes con la Iglesia de San Salvador de Talavera. (Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, Zarandona y Wals. Fenecidos, envoltorio 237. Id. Olvidados, envoltorios 148 y 156.)
De D. Hernando de Cervantes con el fiscal, sobre hidalguía. (Archivo de la Real Chancillería de Valladolid Villegas. Ad perpetuam rei memoriam, envoltorio 39.)
Otro pleito sobre lo mismo. (Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, Pangua. A. p. r. m., envoltorio 10.)
De Alvaro de Cervantes con los beneficiados de Alcaudete. (Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, Varela. Fenecidos, envoltorio 194.)
(4) De D. Nicolás Cervantes y doña María Duque de Toledo, su mujer, con Juan Duque de Estrada. (Archivo de la Real Chancillería de Valladolid. Quevedo. Fenecidos, envoltorio 52.)
Es un pleito de 1594, sobre bienes dotales, cuyo conocimiento debo a indicaciones del incansable y perspicaz cervantista D. Ricardo M. Unciti.
(5) Estuvo primeramente casado con doña Jerónima Serrano, de la cual tuvo una hija llamada doña Jerónima de Cervantes. En segundas nupcias casó con doña María Dionisia Rincón, que le dió cuatro descendientes: Diego de Cervantes Rincón, Juan Francisco de Cervantes, doña Ana de Cervantes y doña María de Cervantes.
(6) "Probanza hecha a pedimento de Juan de Cervantes y sus hermanos, vecinos de Cogolludo y Borox." (Archivo de Chancillería. Pleitos de hidalguía ad perpetuam rei memoriam, envoltorio 40.)
(7) Esto no quita para que hubiera ya otros Cervantes en Sevilla, si, como dicen los genealogistas, fué Diego Gómez de Cervantes el primero que asentó su casa en Andalucía.
Ni unos ni otros fueron los únicos. De un pleito de hidalguía que en 1670 entabló José Esteban de Cervantes, vecino de Salamanca, se deduce que el padre del litigante, Gonzalo García de Cervantes, nació en Porcuna y de mancebo se trasladó a Salamanca; el abuelo, Miguel García de Cervantes, casado con doña Ana Quintanilla Valdivia, era natural de Las Cuevas, en el Obispado de Almería; de Las Cuevas era también, e igual nombre llevaba, el bisabuelo, cuya mujer se llamó doña Isabel de Elices Ortíz. De este Miguel García de Cervantes el mayor, se dice que "era de una familia muy ilustre y que avía sido de los que acompañaron al Sr. Rey Don Fernando, de gloriosa memoria y al Marqués de los Vélez en la conquista del Reyno de Granada, y que se avía quedado en la dicha villa de las cuevas por aver andado muy baleroso en la guerra y aver echo muchas azañas". Tuvo dos hermanos, que "avían sido el uno dellos castellano en el castillo de la dicha villa de las cuebas y el otro capitán de la gente de ellas". (Archivo de la Real Chancillería de Valladolid. Hidalguía, leg. 570, núm. 18.)
(8) Se publicó en los Nuevos documentos cervantinos, de D. Francisco Rodríguez Marín, pág. 64-150.
(9) V. Monjas sevillanas parientas de Cervantes, por don Norberto González Aurioles. Nótese que Morgado dice que entre las monjas que pasaron al convento de Nuestra Señora del Socorro, se hallaban cuatro "que salieron del Convento de Santa María de las Dueñas, y entre ellas doña Constanza Ponce, hija de D. Juan Saavedra, Conde del Castellar, y doña María de Ayala, parienta de la fundadora".
(10) Llevábale un testigo de los que depusieron en uno de los pleitos aludidos anteriormente.
Juan Alvarez de Saavedra y Andrés de Saavedra, vecinos de Illescas, sostuvieron pleito de hidalguía. Verdad es que el abuelo de éstos, Blas Alvarez de Saavedra, era natural de Lugo, y el abuelo, secretario Blas de Saavedra, vecino de la Nava del Rey, en Valladolid.
Otros Saavedras había en Escalona, cuyos antepasados, Benito de Torres y Beatriz de Saavedra, fueron vecinos de la villa de Olmedo; sus hijos Hernando de Torres y el comendador Martín Alonso de Saavedra se fueron a vivir a la Puebla de Montalván, y algún hijo de éstos pasó a Escalona. Del mismo tronco procedía Manuel de Saavedra Maldonado, vecino de Torrelaguna. El bisabuelo de éste, Martín Alonso de Saavedra, el Viejo, vivía en Olmedo, casado con Mari Sáenz Troche; en la capilla mayor del monasterio de San Francisco, de esta villa, tenía la familia su enterramiento. De estos Saavedras de Olmedo descendía también el Conde del Castellar, como lo declaró en 1574 D. Hernando de Saavedra, hijo de D. Juan de Saavedra, que a la sazón llevaba el título. Todos ellos, sin embargo, "tenían su casa solar en Galicia, junto a Lugo".
(Archivo de Chancillería, Alcaldes, envoltorio 3. Hidalguía, leg. 713, número 9.)
(11) Véanse los Nuevos documentos cervantinos y Cervantes y la ciudad de Córdoba, de D. Francisco Rodríguez Marín.
(12) Archivo de Chancillería, Ejecutorias de Agosto 1488.
(13) También se mezcla con éstos el de Gahete. En 1431, dice López de Haro, casó Gómez Méndez de Sotomayor con doña Mencía de Gahete, hija del Veinticuatro Garci Hernández de Gahete. En 1488 y 1489 hubo pleitos en esta familia. Muchos años después, a principios del siglo XVII, figura el licenciado D. García de Cervantes de Gahete, del Consejo de S. M., oidor de la Chancillería de Granada y vecino de Trujillo. Estuvo en Valladolid con la corte de Felipe III. (Archivo de protocolos de Valladolid, Tomás López 1605, f. 351, y Francisco Villota, 1600-1607, f. 43.)
(14) Nuevos documentos cervantinos, pág. 99.
(15) Rodríguez Marín, Nuevos documentos, págs. 6-8.