GLOSARIO
ETIMOLÓGICO
DE LAS PALABRAS ESPAÑOLAS
(castellanas, catalanas, gallegas, mallorquinas, portuguesas, valencianas y bascongadas).

DE ORÍGEN ORIENTAL
(árabe, hebreo, malayo, persa y turco).

por

D. LEOPOLDO DE EGUILAZ Y YANGUAS.
CATEDRÁTICO DE LITERATURA GENERAL Y ESPAÑOLA
EN LA UNIVERSIDAD DE GRANADA
Y CORRESPONDIENTE DE LAS REALES ACADEMIAS DE LA LENGUA
Y DE LA HISTORIA.


GRANADA.
Imprenta de La Lealtad
Santa Ana, 12





A MI AMADÍSIMA ESPOSA
DOÑA MARÍA DEL CÁRMEN MORENO
GONZALEZ DEL PINO.




INTRODUCCIÓN.



I.

Aunque los romances hablados en la península ibérica vengan derechamente de la lengua latino-rústica, no es menos cierto que se hallan plagados de voces exóticas de todo origen y procedencia.

Árdua y dificilísima empresa es la de clasificar la parte que de estos vocablos peregrinos corresponde á cada cual de los idiomas, que en el curso de los tiempos se hablaron en ella; pero bien puede asegurarse que la más granada y copiosa toca de derecho al árabe. Y no ha de explicarse este fenómeno, como quiere Mr. Engelmann,(1) por la superioridad de la civilización muslímica sobre la hispano-latina; porque, si de tan debatida cuestión se hubiere de juzgar por este solo dato, habría en definitiva que dictarse el fallo en pro de la segunda.(2) Es más; la incorporación á nuestras hablas vulgares del mayor número de voces arábigas tiene lugar en una época en que los mismos autores musulmanes reconocen explícitamente la hegemonía y principado de la cultura hispano-cristiana sobre la suya propia. (3) Por otra parte, nunca, ni en ningún período de la historia nacional, se puede en justicia adjudicar á la raza árabe el honor que le dispensa Engelmann. La cultura hispano-muslímica, como lo advirtió Masdeu,(4) y lo ha evidenciado con argumentos irrefutables el ilustre orientalista D. Francisco Javier Simonet,(5) no fué obra de los árabes invasores, sino de los renegados cristianos, de los muladíes, de los judíos y de los mozárabes, los cuales, midiendo por su alteza intelectual la rusticidad y encortezamiento de sus nuevos señores,(6) comenzaron por ser los manipuladores del erario público,(7) los consejeros de sus emires y califas,(8) los cultivadores de sus artes y de sus ciencias,(9) la flor y nata de sus poetas y retóricos, el espejo de sus historiadores, y, finalmente, el núcleo, migajón y alma de aquella civilización refinadamente sensual y materialmente espléndida que produjo las maravillas arquitectónicas de la gran Aljama de Córdoba y de la Alhambra de Granada.(10)


(1) V. Glossaire des mots espagnols et portugais derivés de l'arabe por el Dr. W. H. Engelmann, Introduction, p. 1 y 11 de la 1.a ed. y 1 y 2 de la 2.a

(2) V. Simonet, Glosario de voces ibéricas y latinas usadas por los mozárabes y los árabes.

(3) "Todo pueblo que vive frontero de otro, cuya superioridad reconoce, adquiere estos hábitos de imitación Esto sucede en nuestros dias (siglo XIV) con los árabes andaluces, los cuales, à consecuencia de sus relaciones con los gallegos (los cristianos de Castilla y de León), además de sus trajes, de sus usos y costumbres, han adoptado la moda de decorar con imágenes ó retratos los muros de sus casas y palacios." Aben Jaldún, Prolegómenos, I, 267 del texto árabe y I, 307 de la traducción de Slane. V. etiam Aben Aljatib, apéndice Casisi, Bibl. Arabico-Hispana Escur., II, 257-8, Dozy, Dict. detaillé des noms des vétem. chez les arabes, p. 2 y 3.

(4) Historia crítica de España, XIII, 161, 162 y 173. Del propio parecer es el doctísimo D. Aureliano Fernandez Guerra, el cual, en la página 58 de la Contestación al Discurso de ingreso en la Real Academia Española de su hermano D. Luis, nos dice: Es hoy cosa del todo averiguada y resuelta no deberse atribuir en manera alguna á los árabes de Oriente la gran civilización que allí hubo, pues toda entera pertenece á los antiguos pueblos cristianos, avasallados y oprimidos por los sectarios del Corán en tan alongadas regiones. Lo mismo hay que decir de España.

(5) V. Simonet, De la influencia del elemento indígena en la civilización arábigo-hispana, artículos publicados en el tomo IV de la revista católica la Ciudad de Dios, su Historia (inédita) de los mozárabes de España y la Introducción al Glosario de voces ibéricas y latinas.

(6)Era tal la ignorancia del pueblo musulman en la época de la fundación de su imperio, cuando se enseñoreó de las demás naciones, y la influencia del Profeta y del Alcoran hizo desaparecer la ciencia de los antiguos, que se revelaba en todas sus inclinaciones y en todos sus hábitos. Aben Jaldún, Prolegómenos, III, 276 del texto y III, 304 de la traducción. Como ejemplos de su tosquedad y rudeza léese en la misma obra (I, 310 del texto, y I, 351 de la traducción): "Cuéntase que (cuando los árabes vencieron á los persas) tomaron por piezas de paño las almarregas ó almohadas que les presentaban, y que habiendo encontrado alcanfor en las alhacenas ó almacenes de Cosroes, las empearon, en lugar de sal, en la masa de que hacían el pan."

(7) V. Aben Jaldún, Prolegómenos, II, 5 y 6 del texto, y II, 6 de la traducción.

(8) V. Alberto de Circourt, Histoire des maures mudexares et des morisques, I. Según aben Hayan, citado por Aben Aljatíb en su Introducción á la Iháta, el conde Ardebasto, jefe de los agemies y receptor de los impuestos para los emires de Córdoba, lo fué en cierta ocasión de Abul Jatár.

(9) Es un hecho digno de consignarse, léese en Aben Jaldún (Prolegómeno, III, 270 del texto, y III, 296-297 de la traducción), que la mayor parte de los sábios que se han distinguido entre los musulmanes por su habilidad en las ciencias, ya religiosas, ya intelectuales, eran extranjeros. Los ejemplos en contrario son por extremo raros; pues hasta los que de entre ellos referían su origen á los árabes, se diferenciaban de este pueblo por la lengua que hablaban, por el país en que fueron educados y por los maestros con quienes estudiaron. Y más adelante nos diece (III, 278 del texto, y III, 306 de la traducción): La mayoria de los sábios entre los musulmanes eran agemies, con cuya palabra he querido designar á los que eran de origen extranjero.

(10) Interrogados los embajadores de D. Jaime II de Aragón por su Santidad Clemente V, á la sazón del concilio general de Viena, sobre el número de habitantes que contaba Granada, contestaron que montaban á doscientos mil, no hallándose quinientos que fuesen moros de naturaleza, pues sobre cincuenta mil renegados y treinta mil cautivos todos los demás eran hijos ó nietos de cristianos. Este dato importantísimo se halla corroborado por Hernando de Baeza, asistente á la córte de Boabdil, citado por Hernando del Pulgar en su Tratado de los reyes de Granada y su origen, el cual nos asegura que de doscientas mil almas que había en la ciudad de Granada, aún no eran las quinientas de la nación africana, sino naturales españoles y godos que se habían aplicado á la ley de los vencedores. No es, pues, de maravillar que Boabdil, que conocía también la lengua castellana, invitara á Gonzalo Fernandez de Córdoba á que arengase á los habitantes del populoso arrabal del Albaicín, pues allí había aljamiados y assaz declaradoes. V. Hernan Perez del Pulgar, Breve parte de las azañas del Gran Capitan, página 158-159., Madrid, 1834.






A.


AAÇA val., azaya cast. en Antonio de Nebrija (Dic. del romance al latín). Lanza.

Glosario etimológico de las palabras españolas
D. Leopoldo de Eguilaz y Yanguas
Granada
Imprenta de La Lealtad
1886

Rutgers University Libraries
PC4582.O8E4 1970 C.1

Omnipædia Polyglotta
Francisco López Rodríguez
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